(Pequeñas) cosas que cambian cuando te conviertes en madre

Pues sí. Un buen día traes al mundo a un bebé y de repente dejas de ser tú, y te conviertes en otra cosa, una entidad vulgarmente conocida como “madre”, pero a la que en realidad se le pueden dar otros nombres como “persona zarapastrosa”, “prima de Gollum” o simplemente “qué penica me da”. Y es que hay cosas que dabas por sentado antes de procrear y que luego descubres que eran verdaderos lujos asiáticos que, durante un tiempo (por experiencia propia entre año y medio y dos años, aunque esto es variable), quedan por completo fuera tu alcance. Por ejemplo:

– La ducha. Esa gran desconocida. Durante unos meses (sobre todo mientras dura la baja por maternidad y te quedas en casa sola con el miniser mientras el resto del mundo continúa girando) el poder pasarte por agua se convierte en una auténtica odisea. En cuanto la criatura cierra el ojo dices “¡Ahora! Esta es la mía” y te despelotas volando, te metes bajo la alcachofa y te lavas el pelo como si no hubiera un mañana. Eso sí, con la puerta bien abierta para escuchar posibles llantos, que de producirse, dejan a medias todo el proceso ¿Mascarillas? ¿exfoliantes? ¿cremas hidratantes varias? ¿qué es eso? Suerte si consigues aclararte el champú y secarte un poco. Con el tiempo descubres que es más fácil ducharse por la noche que por las mañanas o por lo menos cuándo hay alguien en casa, lo que te hace parecer una psicópata del jabón. Visita de los abuelos: ducha al canto. Que viene tu hermana: ¡al agua patos! Piensas que cuando tu retoño crezca será más fácil. Pero no. Es diferente, pero no fácil. Para empezar te acostumbras a ducharte con público, porque es casi imposible impedir que un pequeño cotilla con movilidad propia se te cuele de rondón. Es más: descubres que hay un montón de por qués de los que no tienes ni idea, como: ¿Mami, por qué te echas eso en el pelo? ¿Por qué te lo quitas ahora? ¿Por qué no me lo echas a mi? ¿Por qué tienes pelos ahí? ¿Por qué no los tengo yo? Y así un largo etcétera, que convierte la hora del baño en una peli de terror.

– Comer sin levantarse veinte veces de la silla. Yo aún estoy en esta fase, aunque poco a poco la vamos superando. Cuando la Enana era un bebé, más de una vez acabé comiendo con ella al pecho, simplemente para poder hacerlo, porque en caso contrario corría peligro de morir de inanición. Ahora que está mayor y come con nosotros en la mesa familiar, toca levantarse a por agua, a por más servilletas, a limpiar lo que ha caído al suelo, a por un yogurt,  a por otro que ese no me gusta,  a cambiar la cuchara con la que se comió el arroz y que ahora manchada de tomate y todo pretende meter en el yogurt… Vamos, que haces la digestión mientras comes y eso en un día tranquilo. Y la verdad es que tengo suerte, porque la Enana se toma lo de la comida muy en serio y nunca ha jugado con ella, ni se la ha puesto de sombrero, ni la ha desperdiciado repartiéndola por toda la mesa, porque si no es el caso, además te toca lavar al churumbel, el suelo y la cocina después de cada refrigerio.

– Leer un libro/ver una película. Aquí sí que no hay opción. Hay que esperar a que el renacuajo se duerma porque con él despierto dudo que nadie pueda pasar del primer párrafo o de los primero cinco minutos de telefime sin interrupciones de algún tipo. El problema es que cuando tu hijo por fin chapa y se queda grogy normalmente tú tienes que hacer verdaderos esfuerzos para no dormirte también ¿Ken Follet o echarme la siesta? La siesta gana por goleada.  O tender la ropa. O limpiar el baño. O depilarte (que es otro cantar).

– Ir a la peluquería. Si los dos trabajáis, no tenéis abuelos-niñeros y además vuestros horarios son incompatibles, despídete. Vamos que no. Misión imposible total. La única forma que tienes de evitar convertirte en la versión 2.0 de la Bruja Avería es aprovechar (otra vez) la visita de la tía, suegra o vecina para salir corriendo llena de remordimientos a que te repasen las puntas. Y ya no te digo si además pretendes teñirte el pelo…

– Ir al gimnasio. Ver punto anterior. La única diferencia es que ahora algunas guardes ofrecen clases de yoga, body combant, aerobic o similares especiales para mamás, de forma que tú dejas a tu churumbel a cargo de una buena señora que te lo cuida y vigila mientras das unos saltos y te quitas el michelín en la sala de al lado. Si en vuestra ciudad tenéis este tipo de opción tiraros a ella de cabeza,  de verdad. Las clases no suelen ser muy caras (entre 25 y 40 euros al mes por ir entre dos y tres veces por semana) y al final descubres que te viene de perlas.

– El aquí te pillo aquí te mato con tu pareja. De esto te olvidas ya para siempre… o hasta que los niños crezcan y se vayan de casa. Ahora hay que planificar los encuentros sexuales casi sincronizando agendas. En plan: si la Enana se echa la siesta entre las 15:00 y las 16:30 y yo recojo rápido la cocina mientras el compañero saca al perro, tenemos unos 30 minutos que podemos aprovechar para mimarnos un ratito… si no me quedo dormida en el sofá esperando que vuelva, claro… Y esto siempre en fin de semana, porque a diario la criatura ya viene sesteada de la guarde y no hay nada que hacer hasta la noche, donde tienes que volver a poner en una balanza tus opciones y decidir qué te conviene: ¿ceno o tengo sexo con el padre del oligoelemento?

– No hablar de cacas, mocos y otras secreciones corporales con tanta naturalidad. Que de verdad que parece que se nos cortocircuita un chip en el encéfalo al dar a luz, porque de pronto estos temas se convierten en el trending topic de todas tus conversaciones, especialmente con otras féminas, sean o no amigas tuyas ¿En serio que vas al parque, te encuentras a la vecina y en vez de charlar, que sé yo, del último partido del Mundial, hablas del volumen, color y espesor de las caquitas del niño? Pues sí. Por desgracia. Y además con alegría, que no se diga. Seguro que vosotras tenéis vuestra propia lista de pequeñas cosas que cambian en la vida cuando te conviertes en madre ¿queréis compartirlas conmigo?

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3 responses to “(Pequeñas) cosas que cambian cuando te conviertes en madre”

  1. nosoyunadramamama says :

    Pues básicamente, todas coincidimos en lo mismo!!! Yo en un post hace tiempo añadí q tu coche se vuelve una leonera y tienes vida propia con tantos restos de pan y galletas… Tamb añadí entonces q nada de quedar con amigas de un momento para otro, q necesitas planificar con un día de antelació. Por supuesto, es casi imposible salir de casa sin una mancha en la ropa. Y por último, te obsesiona cualq ruido…cdo consigues dormir a los niños, cualq persona o cosa q emita ruidos es digna de una mirada matadora

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  1. Dos años menos un día | Mamá en el Siglo XXI - 6 marzo, 2016

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