Los niños se ponen enfermos

Es un hecho. Y hay que asumirlo. Los niños se ponen malos, se caen, se hacen estropicios en la cara, se contagian los virus… A veces, en el momento más inoportuno como la víspera de salir de vacaciones, justo antes de un puente o de un festivo nacional con los ambulatorios cerrados 4 o 5 días o esa mañana en la que no puedes faltar al trabajo y te llaman de la guardería para decirte que pases a recoger al muchacho…

En ocasiones es fácil saber qué les pasa: toses y mocos = catarro o gripe; vómitos y diarreas = gastroenteritis al canto; mocos sin toses, pero con fiebre = casi seguro una otitis. Ojos enrojecidos y legañosos: conjutivitis de las que se pegan a la que te descuidas. Lo mismo digo con los golpes, chichones, arañazos y demás heridas de todos los colores que resultan de sus andanzas por el parque o del simple placer de descubrir el mundo.

Otras veces es más complicado descubrir el origen de su malestar porque todavía no hablan y no saben decir qué les duele o porque los síntomas son difusos o inconcluyentes. Yo de esto he experimentado tres casos: el primero cuando la Enana tenía unos 10 meses y se echó a llorar desconsoladamente cuando fui a ponerle el abrigo antes de salir de la guardería. Le pregunté a las chicas que la cuidaban si se había hecho daño en el brazo (porque esa fue mi impresión), pero ninguna supo decirme qué había pasado. Al final y en vista de que no conseguí meterle el bracito por la correa de la silla del coche sin que gritara a pleno pulmón, me la llevé a urgencias y allí descubrieron que tenía el codo dislocado. Se lo colocaron, ibuprofeno unos días y como nueva. Eso sí, yo salí del hospital temblando!

La segunda vez la criatura tenía cerca de año y medio. Era mediado junio y llevaba un par de días inapetente y con algún vómito. Nada fuera de lo normal. Mis suegros estaban de visita y decidí dejarla con ellos en vez de llevarla a la guarde, para que estuviera más cómoda. El caso es que esa mañana, cuando fui a cambiarle el pañal de la noche me lo encontré seco del todo. No le di más importancia, la vestí y me fui  al trabajo. Al volver a las tres de la tarde, le pregunté a mi suegra qué tal, dijo que bien, que no había comido casi, pero que tampoco había vomitado y yo feliz de la vida fui a cambiarla. El pañal estaba otra vez seco, pero deduje que su abuela se me había adelantado y ni pestañeé. Sin embargo cuando esa noche seguía sin hacer pis, hice algunas pesquisas: la pequeñaja llevaba el mismo pañal que le puse por la mañana. Eso ya me puso nerviosa. Nueva visita a urgencias. La niña estaba deshidratada, por eso no orinaba, así que suero a chorro (en pequeñas cantidades para que no lo vomitara) y más suero bebible para seguir dándole en casa. En cuestión de horas estaba otra vez feliz como una perdiz. De nuevo, la que peor lo paso fui yo, que me di de cabezazos por no haber estado más pendiente de darle agua o zumos o lo fuera con el calor.

El último caso inexplicable es de anoche mismo: La Enana se va a la cama tan a gusto como siempre y a media noche se despierta gimoteando y llamándome entre lágrimas. Voy a ver qué pasa y al tocarla me doy cuenta de que está muy caliente. 38.5ºC ¿Y esta fiebre? Le pregunto si le duele algo. No, mami. Pero no te vayas. ¿Seguro, cariño? La garganta, la tripita… No, mami. Le doy paracetamol, pero no consigo que tome la dosis completa porque le dan arcadas. Me quedo con ella toda la noche. La fiebre sólo baja por la mañana. Me pide el desayuno, se deja la mitad. Otra vez está muy caliente. 38 grados. Ahora sí se toma toda la dosis de apiretal y en dos horas… está jugando y dando saltos en el jardín, sin un mal recuerdo de la noche pasada. Y aquí estoy yo, vigilándola con ojo de halcón, aunque parece sana y feliz y sigue sin dolerle nada. La fiebre se fue igual que llegó y al parecer la única que está pa´l arrastre es una servidora que se cae de sueño y disfruta de un estupendo dolor de espalda.

Sí, lo niños se ponen enfermos ¡y los papis también!

 

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  1. Cuándo llevar a tu hijo al médico | Mamá en el Siglo XXI - 25 enero, 2016

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