“O abortas o te despedimos”

La verdad es que hoy tenía pensado hablar de otra cosa (en concreto de ese terrible momento en que nos separamos por primera vez de nuestros bebés), pero luego he leído esta noticia en la prensa del día y he cambiado de idea. El titular es el mismo que encabeza este post y cuenta el caso de una trabajadora griega a la que su empresa le pidió de malas maneras que eligiera entre su hijo y su trabajo. Así de simple. Ole sus huevos.

Esta situación, que el artículo describe como habitual desde que estalló la crisis, no es patrimonio exclusivo de los griegos y, desde luego, no es resultado del mal estado de la economía actual. Ni muchísimo menos. Hace casi cuatro años, cuando nuestro gobierno todavía insistía en que eso de la crisis no iba con nosotros, a una buena amiga mía (tan buena que luego se convirtió en la madrina de la Enana) le ocurrió exactamente lo mismo. Tenía un buen trabajo, de riesgo por manipular sustancias peligrosas, y cuando se quedó embarazada sus jefes le insinuaron que no era buena idea, mira tú, que iban a tener que ponerla a trabajar en otra sección del laboratorio y buscar un sustituto para su puesto, que, por el bien común, o sea, de ellos, lo mejor era dejarlo correr, abortar y listos. Luego, eso sí, se podía tomar unos días de descanso para recuperarse. Faltaría plus. Que no somos insensibles ni unos monstruos. Mi amiga, claro, no abortó y aunque no la despidieron, tampoco la renovaron como estaba previsto y se quedó con su churumbel en el paro. Como es una genia y una gran profesional, no tardó en volver a encontrar un hueco en el mundo laboral, pero podría no haber sido así, como ocurrió con muchos otros casos.

Bueno, dirán algunos, hace cuatro años la cosa ya estaba jodía por estos lares, es normal que los empresarios intenten reducir costes y tal. Vale, puede. Pero cuando aún era estudiante (allá por el Pleistoceno, más o menos), recuerdo perfectamente la conversación de dos chicas que viajaban justo detrás de mi en el tren. Venían de hacer una entrevista de trabajo y una de ellas estaba escandalizada porque el de recursos humanos le había preguntado por su vida privada: ¿piensas casarte? ¿tener hijos? Pero, bueno ¿eso a ti que te importa?- refunfuñaba ella- ¿O es que si soy lesbiana me contratas pero si me gustan los hombres no? ¿A caso le haces la misma pregunta a los tíos que se presentan para el puesto? La amiga (o conocida) la miraba con ojos llorosos mientras despotricaba y al final la interrumpió y le dijo: Mira, Mari Loli, las cosas son así. El mundo no está pensado para las mujeres ni para los niños y luego dirán que es culpa nuestra el descenso de la natalidad.

Y la chica tenía razón.  Porque, ¿en qué cabeza cabe que multinacionales como Apple o facebook ofrezcan a sus empleadas congelar óvulos para no embarazarse en un momento inoportuno? ¿Cómo se come que, cuando una chica con un carrito de bebé se monta en un autobús urbano (y esto me ha pasado a mi, in person) el autobusero la riña porque le está interceptando el paso y el carrito ocupa mucho hueco. Que todas las madres deberían ir acompañadas, por Dios, para que alguien las ayude y no molesten tanto? ¿Es normal que si hay un par de señores fumando y bebiendo cerveza al lado de un parque infantil nadie les diga nada, pero que si yo me saco la teta (con discreción y sin aspavientos) para alimentar a mi bebé me suelten que “ofendo la vista”? A día de hoy la conciliación laboral es un mito y al final la que se sacrifica y paga el pato es siempre la mujer que reduce su jornada, renuncia a puestos importantes o simplemente se queda en casa para educar a sus hijos y, además, tiene que aguantar que sus compañeros le digan alegremente y a la cara “Pero qué bien vives, Paquita”.

Y es que hoy me siento un poco “eriza en pie de guerra”, como llama Pérez Reverte a las feministas y me toca muchos los ovarios que además de lo nuestro, tengamos que aguantar tonterías ajenas. Ser madre no es un error ni algo que esté mal o que nos vuelva incompetentes: de hecho nos afina el cerebro cosa mala al obligarnos a atender varias cosas a la vez sin volvernos locas. Yo habitualmente llevo mi agenda, la de mi jefe, la de mi compañero de fatigas, la de las niñas y la de la perra. Sé a quién le toca qué vacuna y cuándo, qué día se acaba el plazo para presentar un informe, si el costillo tiene o  no una reunión a primera hora y además hago unas lentejas que te cagas. Preséntame a un tío que haga lo mismo y en cima no alardee de ello. La crisis sólo ha dado la excusa perfecta para arrinconarnos una vez más, mirar sólo nuestro útero y no nuestro cerebro y, así,  justificar lo injustificable.

Y lo dejo ya porque empiezo a echar humo y tampoco es plan. Os dejo eso sí un vídeo estupendo que deberían ver todos los empresarios del mundo mundial, porque efectivamente, ser madre es un plus. Y además una maravilla. He dicho.

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3 responses to ““O abortas o te despedimos””

  1. nosoyunadramamama says :

    Totalmente de acuerdo en todo!!! la propuesta de abortar ya me parece deleznable!!! De hecho, a raíz de ese vídeo, que puse en uno de mis post, hice una reflexión sobre el maldito mundo laboral para las madres y sobre lo que dices al final, no sólo no hacemos lo mismo que antes de tener hijos, si no que lo hacemos mejor.. En fin, así nos va!

  2. Mila says :

    Me ha gustado mucho, muchísimo, estoy totalmente de acuerdo, sobre todo en lo que te agudiza el cerebro; yo también llevo varias agendas en la cabeza, cocino bastante dignamente y hago mi trabajo, a veces mientras cocino con una mano y con el hombro me sujeto el móvil y sí, si un hombre fuera capaz de hacer todo eso… se haría un neón para ponérselo en la cabeza

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