Ganas de gritar

Hoy he tenido ganas de gritar. Cuanto más alto y más fuerte mejor. Y es que hay días en los que ser madre full time se me hace un poco cuesta arriba. El cansancio y el sueño acumulado hace que mermen poco a poco tus reservas de paciencia y el malhumor se instala en tu vida dispuesto a que lo veas todo negro… o por lo menos bastante gris.

La Mayor se despierta. Tooooodas las noches. Al menos dos o tres veces cada vez y me suplica que me quede con ella en la cama, que duerma en su cuarto, que no me vaya. Los primeros días lo hice, pero claro, el bebé también se despierta porque quiere comer (y últimamente, creo, porque me quiere a su lado) y entonces hago el camino de vuelta a nuestro cuarto, la tranquilizo y me duermo unos 20 minutos antes de que la Otra se despierte y me llame otra vez a grito pelao. Y así un día. Y otro. Y otro. Después de una semana sin pegar ojo y cuando el cansancio superó por fin a mi sentimiento de culpabilidad, intenté razonar con la Enana. Le expliqué que tenía que quedarme en mi habitación para cuidar a su hermanita, que ella era mayor pero Tulga aún era un bebé. Le dije: “Mamá está cansada, por favor, cariño duerme tú sola, no me despiertes más. Si me necesitas vengo cuanto haga falta, pero no me hagas dar paseos de madrugada, vale?”. Pero no vale. Y, al final, desesperada, a las seis de la mañana decido castigar a la Mayor. Te quedas sin dibujos y punto. Y hago oídos sordos a sus lloros y a sus promesas de que no lo va hacer más y que mañana me dejará dormir.

Y en este estado de cosas empezamos el sábado, mucho antes del amanecer, con un frío de tres pares de narices en la calle y sin tele. A tomar por culo. Si es que se mascaba la tragedia…

Aburrida como una ostra viuda, la Enana no sabía qué hacer para llamar la atención: pellizcó a su hermana hasta hacerla llorar, se negó a vestirse, cambió tres veces de opinión sobre lo que quería de desayuno (aquí tuve que plantarme otra vez  y decirle: o te comes lo que hay, o no hay nada más hasta el almuerzo y como la comida para ella es sagrada, al final cedió, pero me costó una bronca) y, sobre todo, lloriqueó toda la mañana pidiendo que le pusiera dibujos animados. Tulga, por su parte, tampoco colaboró con el tema. Cada vez que la dejaba en el suelo o en su hamaquita se ponía a berrerar con desesperación y sólo se calmaba si la volvía a coger en brazos. La metí en su fular y la paseé por toda la casa mientras discutía con su hermana y fregaba los platos, pero a las 12.00 estaba ya con un dolor de espalda insoportable y me resigné a oírla llorar unos minutos para poder ir al baño. Crasso error. Como ya he dicho, pocas cosas hay en este mundo más enervantes que el llanto de un bebé y escuchar desgañitarse a Tulga mientras yo hacia pis sólo consiguió crisparme aún más los nervios.

Bueno, chata, me dije, tienes dos opciones: cortarte las venas o dejártelas largas, y no es por nada pero pintan bastos… ¿Qué hago cuando la situación me supera en casa? Pues saco a todo el mundo a la calle. Ale. A triscar al monte como las cabras. Cada vez que salimos juntas, sigo el mismo ritual: primero le pongo el abrigo a la pequeña, la acomodo en su carrito y después de apartar la cama del chucho para poder salir, nos ponemos el abrigo la Enana y yo. Todos los días. Siempre, siempre. Every day. Menos el sábado, claro. Cuando tenía a Tulga tumbada sobre su pelele, llorando a todo lo que daba de sí su caja torácica por motivos desconocidos, mi hija la mayor se puso mi vera y me dijo: “Mamá, ponme primero a mi el abrigo”. “No, cariño. Deja que se lo ponga a tu hermana, que ya está casi y ahora vas tú”. “¡Qué no! ¡Qué yo primera, qué yo primera! ¡Suelta ya al bebé y me lo pones a mi!”. Y empezó a llorar y a patalear para dejar patente su postura. En ese momento, con los ojos legañosos y sin peinar, sentí como subía una bola de fuego desde el estómago a la garganta cual dragón enfurecido y pegué tal grito que se tambalearon los cimientos.

Un segundo de silencio y estupor.

Aproveché para terminar de poner el abrigo a la una y sacar del salón a la otra. Fuimos al parque todo el rato nos dejó el frío glacial y yo tuve una media hora de respiro con el bebé dormido (por fin!) y la Mayor desfogándose en el tobogán.

El resto del día transcurrió más o menos en la misma tónica, hasta que a eso de las 9 de noche las dos echaron el cierre y se fueron a la cama. Sin embargo, yo seguía con ganas de gritar. De llorar. De tener mi propia pataleta y mandarlo todo a la mierda. El Compañero intentó calmarme como pudo, hizo la cena y me dejó elegir a mi la película, pero yo estaba de malhumor. Aún lo estoy. Me siento malamadre por tener ganas de ser cruel con las niñas, de castigar a la Enana sin postre toda la semana y dejar llorar a Tulga un ratito. De querer ir a que me den un masaje y a la peluquería, de dormir dos horas seguidas…

Es lo que hay. Madre a tiempo completo. Full time. Y lo peor es que en 20 días vuelvo al trabajo y no sé que voy a hacer cuando tenga que barrer los pelos del perro con una mano y contestar a mi jefe con la otra, mientras me saco la teta y leo “La Cenicienta” por octava vez ¿Alguien tiene alguna fórmula mágica para no volverse loca en estos casos? Si es así, que no sea egoísta y la comparta… prometo darle buen uso.

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7 responses to “Ganas de gritar”

  1. nosoyunadramamama says :

    jaja, vaya jaleo!!! ffff, no hay fórmula… yo al mayor le enseñé a dormirse solo cdo tenia un año ( y eso q ya llevaba 8 meses durmiendo 12 horas del tirón) y eso fue fundamental xa manejar la situación con el hermanito nuevo. rafa ya se dormía solo desde recién nacido. Han tenido temporadas en las q nos han pedido q durmiésemos con ellos un rato y lo hemos hecho sin problema. Pero una vez q se duermen, solo se despiertan si se caen de la cama ( y mira q tienen barrera, jaja) o si quieren beber. Cdo una tiene en mente lo de la familia numerosa, ya sabe q el q duerman bien es fundamental xa la salud mental de todos!!! Por eso he sido “estricta” con las rutinas, hablarles desde bebés cdo les llevaba a la cuna… Y ahora Gabriel tiene mes y medio y claro, hace un par de tomas cada noche pero confío en q en pocos meses ya duerma del tirón como sus hermanos, es fundamental el descanso cdo luego tienes q pasar el dia entero con ellos!! Ánimo!!!

  2. norgwinid says :

    Ains, si es que el no dormir me trae por la calle de la amargura. Y lo peor es que la Mayor llevaba desde el verano durmiéndose ella sola en su cama, sin que estuviera yo con ella y desde los 18 meses durmiendo del tirón 12 horas cada noche. Eso sí, ha sido nacer la hermana y empezar a despertarse como cuando era un bebé… Vamos, blanco y en botella… En fin. Espero que se le pase pronto

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