Mitos, fantasías y realidades sobre los recién nacidos y bebés en general

Cuando Tulga aún hacía de las suyas dentro de mi barriga, dediqué una entrada a los mitos más habituales que existen sobre el embarazo. Pensé que una vez parida, dejaría de escuchar cuentos e historias varias sobre mis circunstancias, pero resulta que no. También hay mucha leyenda urbana sobre los bebés y hasta la frutera que te pesa las manzanas en Carrefour tiene un montón que decir al respecto. Así que allí va: mi particular repaso a los distintos mitos sobre los recién nacidos que me han salido al paso los últimos tres años.

El baño, diario. Bueno, sí. Depende. Existe la creencia ampliamente extendida de que el baño nocturno relaja a los bebés, pero es mentira. Hay críos que no soportan estar a remojo, que se ponen de los nervios, lloran y se retuercen como anguilas, por lo que al final del baño en lugar de un churumbel relajado tienes un gremlin histérico que dice que te duermas tú y que a él le des un paseo, si eso. A esto hay que añadir que, hasta que empiezan a gatear, los bebés no se manchan, ni sudan ni tienen grasa en el pelo por lo que someter innecesariamente a semejante tortura diaria a un miniser hidrofóbico resulta ridículo. Con un remojón rápido dos veces por semana van que chutan… y si además el baño lo haces coincidir con el día que se caga hasta las orejas, pues mejor. Dos pájaros de un tiro. Esa fue mi estrategia con la Enana, que era más partidaria de lavarse como los gatos que como los seres humanos. Por su puesto ni se me ocurrió bañarla de noche, porque si ya me costaba que cogiera el sueño por las buenas, intentar que cerrara el ojo después del disgusto del agua era impensable. Su hermana, en cambio, es feliz cual renacuajo en la bañera hasta el punto de dejar de llorar en cuanto se siente sumergida en el agua tibia… así que, todas las noches seguimos nuestro pequeño ritual de inmersión, estableciendo una rutina de sueño que la Mayor nuca tuvo. Dos notas más sobre esto del baño: 1) si tu bebé tiene la piel sensible y delicada NO uses jabón. Da igual lo que diga la publicidad de la marca o lo mucho que cueste el producto. Cualquier jabón será siempre más irritante que el simple agua clara. Lo mismo te digo de las colonias y perfumes. 2) El aceite de bebés es un invento del diablo. He dicho. Tu ves el anuncio de la señora sonriendo a un niño hermosote mientras le aplica el mejunje por todo el cuerpo con una caricia limpia y sin mácula, pero la realidad es otra: tu hijo se agita y se mueve sin parar, mientras el aceite gotea por todas partes (la toalla, tu ropa, su carita…) y se extiende cual mantequilla untuosa y desagradable. Puaj! El resultado es bueno, es cierto y muchos niños tienen la piel seca y les viene bien un extra de hidratación ¿Qué hacer entonces? Pues en mi caso hay dos posibles respuestas: dale un masaje con una buena cremita y olvídate del aceite. Si la crema es decente, el efecto será el mismo. O, un momento antes de sacarlo del agua, echa un chorrito de aceite en la bañera (si la criatura tiene pelo, intenta levantarle la cabeza para que no acabe pareciendo Mario Conde). Luego lo secas directamente y listos.

Ponle crema en el culete con cada cambio de pañal. Nooooooo. Maaaaaal. Si haces eso acabarás causándole al pequeñajo una irritación que antes no tenía. Si el niño tiene la piel lisa y sin erupciones no hace falta ponerle nada, basta con limpiarle bien y listos. Las cremas solo humedecen la piel, que es lo que acaba por provocar la irritación. Entonces, ¿cuándo usar la crema? Pues cuando el bebé  esté irritado de verdad, o sea, cuando tenga la piel de la zona roja o con granitos. En ese caso, lo mejor es usar una pasta al agua en vez de la típica crema para bebés. A mi la que mejor resultado me ha dado ha sido la Eryplast 45 (y no, no me paga la marca. Es mi humilde opinión ;P), capaz de hacer milagros incluso cuando la situación ya es desesperada. Poco después de empezar con los dientes las cacas de mi Enana se volvieron más ácidas y la pobre acabó con el culo como el trasero de un mandril. ¡Que mal lo pasó, la pobre! ¡Hasta yagas tuvo! Recuerdo que lloraba de dolor cada vez que se hacía caca, porque le abrasaba la piel y no había forma de limpiarla sin que se desesperara. Yo hasta entonces había usado la típica crema de supermercado, que al ponerla es resbaladiza y que en estos casos no hace absolutamente nada. Me fui a la farmacia y pedí consejo. Pasé por varias marcas y al final, me quedé con Eryplast. Es la que estoy usando ahora con Tulga y de momento su culito está estupendo. Ya veremos que pasa cuando comience con los dientes…

Si no hace caca, le ayudamos un poquito. Que conste que lo que voy a decir a continuación se aplica sólo a los bebés alimentados con lactancia materna exclusiva. Para los que tiran de biberón es otro cantar. Como ya he dicho en alguna parte, unos de los temas de conversación  favoritos de todas las madres del mundo es la cantidad, color y aspecto general de la caca que hacen sus hijos. No entiendo por qué, pero es así. El paso por la sala de partos nos vuelve escatológicas… Las cacas de un lactante (después del engrudo negro del meconio que hacen nada más nacer) son casi líquidas, grumosas, de color amarillo mostaza y – sorprendentemente- huelen bien… o todo lo bien que puede oler un excremento, se entiende. Es muy normal que los que sólo toman pecho hagan caca después de cada toma, o sea, unas 5 ó 6 veces al día. Ahí es . Es como si no pudieran meter nada en ese cuerpo tan pequeño sin sacar algo primero. Con semejante panorama, cuando de repente un bebé que manchaba pañales con alegría deja de hacerlo durante varios días, o incluso un par de semanas,  es normal que la mamá correspondiente se ponga de los nervios ¿Le pasará algo? Llora. Eso es que está incómodo. Habrá que darle una ayudita… Y aquí empieza toda la mitología sobre el estreñimiento del lactante, que va desde el típico supositorio de glicerina a estimularle el ano con cualquier cosa (un termómetro, el dedo y ¡hasta el tallo de una hoja de geranio!¡Que me lo han recomendado vivamente, lo juro por Snupy!). Pero, no. No le pasa nada. Niente. El crío está feliz de la vida. Y, por supuesto, no necesita que le obliguen a hacer nada. La leche materna se digiere muy bien y a veces, sobre todo en épocas de crecimiento, se aprovecha toda. En otras palabras: no hay caca, porque no hay desperdicio. Ningún pediatra le va a dar la más mínima importancia al hecho de que un bebé de pecho lleve varios días sin evacuar, así que es importante que las mamás tampoco se la demos. Eso sí: cuando finalmente haga lo suyo, probablemente se ponga hasta la bandera. ¡Aviso a navegantes!

El niño que duerme del tirón. Como las meigas, haberlos hailos, el problema es encontrarlos! Las suertudas que consiguen que su bebé no abra el ojo en toda la noche son las menos. Lo habitual es que un miniser se despierte (y mucho) hasta pasado el año. La frecuencia, duración y cabreo que desarrolle en cada despertar va a depender de la criatura y en esto, sí que sí, no hay dos niños iguales. No importa que sean hermanos, o incluso gemelos. Para muestra un botón: la Mayor, hasta que la desteté, nunca durmió más de dos horas seguidas, ni de día ni de noche. Es más. A veces se despertaba cada hora o hora y media y lloraba desconsolada hasta la siguiente toma, sin nada que la calmase, lo que me hizo pasar noches enteras en vela, viendo la teletienda y cagándome en mis muelas. Cuando dejó el pecho, empezó a despertarse sólo un par de veces y en horarios fijos (a las 12 y a las 3.30) y a partir de los 18 meses me regaló algunas noches del tirón, que se convirtieron en la tónica general poco antes de los dos años. Y entonces voy y me preño otra vez. Si es que soy masoca… Por suerte, Tulga en esto del dormir ha salido mejor que su hermana. Prácticamente desde que nació ha dormido cinco horas seguidas de noche (es decir que puedo acostarla a las 12 y yo roncar cual angelito hasta las cinco de la mañana). Es más, por regla general, se queda otra vez frita tras tomar el pecho, lo que me permite descansar entre seis y siete horas cada noche. No es mucho, dirán algunas, pero para mi, y con mis precedentes es un lujo asiático. La Mayor, viendo que su madre no desarrollaba con su hermana las mismas ojeras que con ella, decidió ponerle remedio y a las dos semanas de volver del hospital con el nuevo miembro de la familia volvió a las andadas y empezó a llamarme a voz en grito dos, tres y hasta cuatro veces por noche para que fuera a contarle cuentos, darle agua o simplemente dormir con ella. Resultado: he vuelto a las noches en vela, a no dormir más de 30 minutos seguidos y llorar por las esquinas mi mala estrella. La ventaja es que como ya no es un bebé se puede razonar con ella y hasta “negociar” en los despertares, por lo que últimamente vuelvo a dormir más o menos seis horitas por noche. Y me doy con un canto en los dientes!

Mi niño empezó a caminar a los siete meses y a hablar a los diez. Que no te digo yo que no, que probablemente tu hijo sea un superdotado, pero no es lo normal. Cuando se tiene un churumbel y una empieza a ir a las revisiones periódicas con su pediatra, éste (o ésta) te acribilla a preguntas a las que muchas veces no sabes qué contestar: ¿se mira las manos? ¿Se agarra los pies? Si lo tumbas boca abajo ¿hasta dónde levanta la cabeza? ¿Acostado, gira la cadera? ¿Sonríe? ¿Balbucea? ¿Hace el pino puente con las orejas? Pues mire usté, llevo dos días sin ducharme, hoy he dormido tres horas, no tengo ropa limpia que ponerme y la última comida caliente que recuerdo fue antes del parto, así que si le soy sincera, no me he fijado… Vamos a ver, son las etapas normales del desarrollo del bebé, por las que todos, antes o después pasan y no hay que agobiarse. Si a tu hijo le han salido los colmillos con cuatro meses es normal. Si no tiene dientes hasta el año, también. Si camina con diez meses, te compadezco… quiero decir, ¡qué bien!, que decidió esperar a los 15, ¡enhorabuena! Cada niño, lo repito, es un mundo. Una galaxia. Un universo completo. Hay unos tiempos más o menos establecidos para cada cosa, pero eso no significa que si el fruto de tus entrañas no se ha sentado él solito el mismo día que cumplió los seis meses no vaya a hacerlo nunca. Hay que darle al crío un margen de maniobra, que estas cosas no son automáticas. Quizá lo que más preocupa a los padres es el tema del habla: si el chiquillo dice algo más que papá y mamá y cuándo empieza a decirlo. Mi consejo es no agobiarse: algunos arranca antes que otros y si ya han comprobado que el pequeño oye bien y no tiene ningún otro problema fisiológico, pues déjalo tranquilo que cuando tenga algo que decir ya lo dirá.

En fin. Que ojalá los niños en vez de un pan debajo del brazo trajeran un libro de instrucciones, porque eso nos ahorraría muuuuchos problemas ¿O no?

 

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3 responses to “Mitos, fantasías y realidades sobre los recién nacidos y bebés en general”

  1. Diario de una Mami says :

    Real como la vida “pispa” 🙂

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  1. Dos años menos un día | Mamá en el Siglo XXI - 6 marzo, 2016

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