Sexo, pañales y rock and roll

Hace unos días leí una entrada preciosa en el blog de Peineta sobre las repercusiones de la maternidad en la vida sexual de la pareja y he pensado aportar mi propia experiencia, por si alguna anda planteándose esto de aumentar la tasa de natalidad del barrio. Para empezar hay que dejar claro que todo depende. Depende del tipo de parto que hayas tenido, del tipo de postparto por el que pases, de cómo sea el bebé, de cómo era tu relación de pareja antes de meterte en el berenjenal la aventura de tener hijos, etc. En cualquier caso, creo que hay unos lugares comunes por los que transitamos todas, con mayor o menor intensidad, y que voy a intentar resumir con mi mejor cara de póker. Allá vamos.

1) En primer lugar, está lo que yo llamo el momento “Encuéntrate a ti misma” o “Yo tenía un cuerpo y no sé dónde lo he dejado…”. Esto es inevitable, da igual que hayas parido o te hayan hecho una cesárea, que te hayan dado siete puntos o ninguno, tu cuerpo necesita un tiempo para volver al ser el que era y eso afecta al sexo y mucho. Durante la famosa cuarentena, entre los loquios que parecen una regla infinita, la cura de la episotomía y el subidón hormonal que te convierte en la hermana gemela de Dr. Jeckyl y Mr. Hide, una no está para muchos arrumacos. A veces no es no que no apetezca, si no que físicamente no das para más. Las cicatrices pueden tirar y molestar, porque por mucho aceite de rosa mosquetá que te pongas la piel nunca será tan elástica como la original, te pueden doler los pechos, el útero (los dichosos entuertos, que no supe lo que eran hasta el pasado mes de septiembre) y hasta el alma entera del esfuerzo… y es que traer un ser humano al mundo es, francamente, agotador. Por todo ello, olvídate del sexo por lo menos durante el primer mes de vida de tu retoño. Vamos, no digo que haya alguna por ahí que a los 15 días ya esté dándole marcha al costillo, pero son la excepción, lo garantizo. Cuando se te hayan curado las heridas entonces es el momento de pasar a la acción y es ahí donde aparece el segundo punto a tener en cuenta.

2) El miedito escénico y el inevitable uso de “vaselinas”. Me explico: imaginemos que todo va bien, o sea, que has tenido una recuperación buena y rápida, sin infecciones, anemias, puntos puñeteros o problemas de suelo pélvico derivados de la llegada al mundo del nuevo miembro de la familia. En 30-40 días tu pareja y tú os buscáis un hueco (ya entraremos en esto) para calentar un rato las sábanas y de pronto descubres dos cosas: a) que aunque ya no te duela nada, tienes el mismo aspecto que Jabba el Hutt de la Guerra de las Galixias, es decir, te has convertido en una masa gelatinosa y blandita, muy poco atractiva, que no puedes meter de ninguna manera en ropa normal y mucho menos en un picardías y b) que, sobre todo si das el pecho, tu lubricación vaginal no es lo era y o echas mano de algún gel especial o por ahí no entra ni el bigoteunagamba. Aquí los progresos en pro de la vida sexual depende mucho de tu pareja. Es él el que tiene que hacerte sentir guapa, sexy y deseada… y de paso correr a la farmacia a comprar un buen lubricante porque si no, nada de nada. La líbido de una madre reciente ya está por los suelos y o te convencen de que eres Miss Universo Lactante o las posibilidades de pillar cacho se reducen a 0. Es bueno que el padre de la criatura sepa cómo te sientes, que entienda que debe currarse el tema un poco más que de costumbre, no forzarte ni exigirte nada, porque el estrés no es precisamente un buen aliado en estos casos. Ah, y al primer dolor o molestia, se acabó lo que se daba, faltaría plus.

3) El cansancio extremo o mejor dicho “quitapa’lláqueloúnicoquequieroesdormir”. Asúmelo. Tu bebé se despierta y lo va a hacer cada dos o tres horas por lo menos hasta que cumpla cinco meses de vida (y eso con muuuuuuuuuuuucha suerte y  sin entrar en cólicos, catarros o enfermedades varias que convertirán el dormir en una utopía). Y es que el mejor regalo que puede recibir una madre es una siesta. Ni joyas, ni zapatos, ni bombones belgas: llévate al crío una hora para que pueda descansar. Yo he llegado a tener sueños eróticos con almohadas, no digo más… Ante semejante panorama, cuando cae la noche, lo único que te apetece es exprimir al máximo los 90 minutos de respiro que te da tu querubín para chapar un rato, sobre todo si ya se te ha acabado la baja por maternidad y sabes que en breve sonará el despertador y tendrás que hacer frente a la jornada con las ojeras puestas. La receta para esto: ninguna. Paciencia, si a caso. Aprovechar las buenas noches o los fines de semana en los que la víctima madre está más descansada para las proposiciones indecentes y hacerle entender al maromo que de verdad, de verdad, lo único que quieres es doooormiiiir…

Si unes estos tres primeros puntos el resultado es que la vida sexual de los resignados padres es bastante pobre y que, en algunos casos, se pueden pasar tranquilamente varios meses en el dique seco. Lo he dicho bien. MESES. SIN SEXO. Es importante que durante este tiempo la pareja se sincere, hable de sus sentimientos y derroche compresión a raudales. Yo he experimentado dos situaciones completamente opuestas en mis postpartos: con la Enana lo pasé francamente mal. Quedé muy maltrecha del parto y tuve molestias hasta tres o cuatro meses después de dar a luz, a lo que se sumó el mal rollo con el padre de la criatura y el fuerte desgaste de nuestra relación. Durante mucho tiempo no eché de menos el intimar con mi pareja: ni me apetecía ni lo disfrutaba. Sin embargo, con Tulga ha sido distinto. Físicamente me repuse mucho antes y emocionalmente me sentía arropada y querida y de pronto me encontré deseando que terminara la cuarentena para poder hincarle el diente a gusto a mi costillo.

En cualquier caso, cuando finalmente los astros se conjuran para que retomar la vida sexual, se plantea el cuarto punto de este simpático esquema, lo que he titulado:

4) En busca del Arca Perdida o cómo y cuándo encontrar un momento para echar un quiqui. Y es que no lo olvidemos: ya no estamos solos. Ahora hay uno o varios miniseres que nos siguen las 24 horas del día y no nos dejan tranquilos ni en el baño (a estas alturas estoy más que acostumbrada a ducharme o hacer mis necesidades ante un público atento y preguntón) ¿Cómo conseguir entonces la suficiente intimidad para retomar la historia de amor con tu pareja? Pues no queda más remedio que esperar a que se duerman. Así de claro. O los churumbeles echan el cierre o no hay sexo. Es el momento de aprovechar las siestas y de acostumbrarlos a irse bien temprano a la cama. Se acabó el revolcón mañanero o el aquí- te- pillo -aquí- te -mato en la ducha… al menos que no te importe responder preguntas incomodas. Si sólo tienes un bebé chiquitín, todavía puedes aprovechar algún respiro que te deje, pero desde el momento en que desarrollan independencia motora, olvídate. Tú puedes pensar que tu hijo está sesteando en el salón, pero a la que descuidas lo tienes pegado a tus talones con una sonrisa de medio diente. No creo que haga falta llegar a lo que algunas madres denominan “sexo ninja”, o sea, rápido, a oscuras y en silencio, pero sí es cierto que se hace necesario programar los encuentros, lo que le quita espontaneidad al tema. Sin embargo, yo creo que con un poco de esfuerzo e interés se puede ir más allá del “Pepé, los críos duermen, prepárate que toca…” y mantener una relación sana, excitante y bonita con tu pareja. Dixit.

Yo por ahora os dejo con una canción de The Doors, por eso del título del post y también por todas las que os inicias en esto de la maternidad: Welcome to the other side…

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6 responses to “Sexo, pañales y rock and roll”

  1. Diario de una Mami says :

    ¡Puff! No puedo estar más de acuerdo contigo. Mi vida sexual, bueno, nuestra vida sexual, es bastante desastrosa últimamente. 😦 Básicamente porque el cansancio es demasiado y siempre hay muchas cosas que hacer y hay que aprovechar cuando Pegotito duerme. Y claro, en esas dos horas entre que se queda dormida y te vas a la cama, hay que concentrar ducha, recoger, preparar la comida, prepararme las lecciones del curso para el día siguiente y, si quedan fuerzas, hacernos arrumacos. Y, francamente, a mí las pilas se me acaban pronto. Igual es cuestión de priorizar, pero es que igual si priorizo, no puedo comer al día siguiente porque no he hecho la comida… En fin, un desastre. No sé cómo hacer las cosas. 😦

    • norgwinid says :

      Ufff, si es que es verdaderamente difícil. Una tiene que optar entre ducharse y cenar o mantener vida parejil y a veces es imposible llegar a todo. Si te sirve de consuelo, cuando Pegotito crezca un poco y puedas dejarla a su aire un rato, viendo dibujos o jugando, puedes aprovechar ese rato para las tareas domésticas (cocinar, poner lavadoras, ducharte…) y luego disfrutar de las horas nocturnas con más intensidad… al menos que hagas como yo y justo entonces traigas a otro bebé al mundo. Jajajaa

      • Diario de una Mami says :

        Sí, eso creo yo también, porque hay que concentrar muchas cosas en un par de horas nocturnas y el tiempo no se puede estirar. 😉

        Buenooo… Si es que yo creo que todos caemos y nos animamos a por otro bebetín cuando ha pasado lo peor, jeje!

  2. nosoyunadramamama says :

    Uffff, para mí las dos cosas que más me han afectado han sido:
    1. episiotomía: tanto me dolió ese postparto q tenía pánico a volver a tener relaciones… asi q creo que hasta q no pasaron 4 meses, nada de nada!
    2. lactancia: con este tercero, estoy dando el pecho más de lo q pude hacerlo con los otros dos (por una mastitis subaguda), y no sabía q la líbido se caía en picado!!!!
    en fin,yo creo q hay pocas ganas para casi todas…xq sé de una q se quedó embarazada en plena cuarentena!!!!jajaj…vaya ganas!!

    • norgwinid says :

      Sí, lo de la lactancia nadie te lo dice en preparación al parto, jajaja. Yo que con la mayor me tiré con la teta más de un año puedo decir que al principio cuesta mogollón, luego el cuerpo se va haciendo, como a todo. Con esta la adaptación hormonal ha sido más rápida, pero los primeros “encuentros” costaron un poco…. Ah, y aquí en el pueblo también hay un caso de una embarazada en plena cuarentena del primero, así que…. haberlas, hailas!!!

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  1. Dos años menos un día | Mamá en el Siglo XXI - 6 marzo, 2016

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