Derecho a equivocarme

Pues eso. Que reivindico mi derecho a equivocarme, a hacer las cosas mal, a meter la pata, a rectificar y cambiar de tercio. Quiero educar a mis hijas yo, según me dicte mi corazón y mis principios, sin que nadie me juzgue ni me critique, ni la pediatra, ni la directora de la guardería… ni siquiera mi madre. Y es que, amigas, ando un poco hasta el moño.

Veréis. El costillo está de viaje y como va estar fuera 15 días he llamado a mi madre para que venga a echarme una mano, sobre todo por la perra, porque me resulta difícil sacarla a hacer sus cosas tres veces al día con dos niñas pequeñas colgadas del cuello y a dos grados bajo cero. Y claro, si hay que elegir entre mi madre y mi suegra, la decisión es fácil… El caso es que sí, que me ayuda mucho, me tiene preparada la comida cuando llego del trabajo y las habitaciones ventiladas y recogidas, me sujeta a Tulga para que yo me duche tranquila, le lee cuentos a la Enana y hasta le da mimos al chucho. Pero no para de darme consejos y de decirme cómo debo tratar a mis hijas.

Lo hace con buena intención, lo sé. Cree que es lo mejor, y posiblemente para ella lo fuera, pero no es mi caso. Ya he perdido la cuenta de las veces que me ha dicho que la pequeña se queda con hambre de la teta, que tengo que darle otra cosa, que la he malacostumbrado a los brazos, que no debería dormir conmigo en la cama o que si llora así es por los dientes. También me ha ilustrado sobre la mejor manera de controlar a la Enana que anda de un rebelde subido y hasta la riñe ella de la manera que considera más oportuna. Y a mi no me gusta. A mi hija sólo debería regañarla yo, disciplinarla yo… o no hacerlo si no veo motivo. De momento, me callo y no contesto. Ni le doy la razón ni se la quito, más que nada para no discutir, pero… ¡empiezo a echar humo por las orejas!

Por ejemplo: esta tarde ha hecho muy bueno y hemos salido todas a dar un paseo. La intención era hacer unas compras, pero la Enana no estaba por la labor… y no la culpo, la verdad, porque hasta yo tenía ganas de tumbarme al sol cual lagartija de la Alcarria después de cinco meses de invierno. Tras visitar dos tiendas en las que pasamos más tiempo persiguiendo a la niña por las escaleras y desenterrándola de debajo de blusas chachis-pirulis temporada primavera-verano, desistimos y decidimos volver a casa. Al llegar a una larga calle peatonal, la Enana vio el cielo abierto y me preguntó al borde de un ataque de apoplejía: “mamá, ¿echas una carrera conmigo?”. Antes de que pudiera abrir la boca, mi madre contestó por mi: “No, tu mamá no corre”. La niña se estaba portando mal, y correr con ella es jugar y jugar es darle un beneficio y  para mi madre eso no está bien. Si estamos enfadadas porque no nos dejas hacer compras no se juega. Y punto. Hice como si no la hubiera oído y eché dos o tres carreras con la Enana y cuando me dijo: “Mami y ahora ¿hacemos la carrera saltando?”, mi madre, su abuela, volvió a dejar claro: “No, hija, tu mamá no salta…”. Tarde porque yo ya iba calle arriba a la pata coja, dándolo todo.

¿Me estoy equivocando con mis hijas? Pues posiblemente ¿Se podría hacer mejor? Casi seguro. Pero son mis errores y mis enmiendas y me da la real gana cometerlos. Así que resumiendo (y el mensaje también va para mi suegra, que ahora no la tengo aquí, pero cuando viene me toca escuchar más de lo mismo):

– Tulga va a mamar hasta que una de las dos se canse.

– Le daré purés cuando sea oportuno.

– Va a dormir conmigo en la cama mientras eso me permita descabezar cinco horas de sueño seguidas.

– Aún  no le están saliendo los dientes.

– El chupete no le mola. Asumidlo de una vez. Prefiere chuparse el dedo.

– La Enana es una niña movida y bastante pesada, que requiere mucha atención y ejercicio físico y que en ocasiones se pone insoportable. Podría castigarla más a menudo, pero no me sale de las narices hacerlo. El castigo debe ser la excepción, no la regla.

– En esta casa los castigos consisten en: a) quedarse sin dibujos; b) quedarse sin postre; c) quedarse sin cuentos; d) quedarse sin parque/piscina. Cualquier cosa diferente a lo dicho sencillamente no está contemplada. Ah, y cuando se impone un castigo, nadie se lo levanta.

– A mis hijas las riño yo y, como mucho, su padre.

– Les presto toda la atención que puedo y si pudiera prestarles más, lo haría. No se van a desintegrar por cogerlas en brazos o besarlas demasiado.

Pues ale. Lo dicho. A aprovechar el buen tiempo… y yo, además, a armarme de paciencia!!!!!

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8 responses to “Derecho a equivocarme”

  1. Diario de una Mami says :

    Entiendo que estés hasta las pelotas. No hay nada más cansino que escuchar este tipo de comentarios. Mucho ánimo. Tus hijas son tuyas y tú siempre tienes la última palabra. 😉

  2. Turanga says :

    Desgraciadamente es lo normal. Ella estará tan convencida de su punto de vista, que no contempla otra posibilidad… A mí me pasa algo parecido, es bueno aclarar las cosas y hablar, dejarle claras tus formas de actuar y pensar, ah y respira muuuy profundo.

    • norgwinid says :

      Sí, lo de respirar lo llevo a rajatabla por bien de la armonía familiar… Si es que a veces se pone todo el mundo muy pesado, en serio. Como con los dientes. Lleva mi madre y mi suegra un mes diciendo que a la criatura le están saliendo los dientes, que no es verdad. Y cuando por fin dentro de mes y medio le rompan me van a soltar: “¿Has visto como eran los dientes?”. Pues claro. Y si me espero lo suficiente, será la pubertad… En fin. Gracias por los ánimos.

  3. Aída Rodríguez says :

    Llevo un tiempo siguiéndote y me encanta tu punto de vista en muchas de las cosas de la crianza de tus hijas. Soy madre primeriza de un maravilloso bebe de casi cinco meses y como tu, tengo muy claro cómo quiero educarle y que no quiero oír comentarios de nadie de cómo debería hacer las cosas. Le tengo en brazos todo el tiempo que puedo (y que mi espalda me deja), le doy pecho a demanda y será mientras él quiera, dormimos con él en colecho, no usa chupete y cuando llegue a los seis meses y tengamos que empezar a introducir sólidos quiero hacerlo con el método Baby Led Weaning o ACS en español…. (método que te recomiendo encarecidamente por cómo veo que quieres hacer las cosas con la pequeña…, y por cómo las estás haciendo…)

    Me siento identificada contigo en muchas de las cosas que te han pasado…, y entiendo muy bien tus sentimientos….

    Un saludo y ánimo

    • norgwinid says :

      Muchas gracias por los ánimos. Sientan de maravilla! A veces una tiene que luchar a brazo partido por hacer las cosas a su manera y eso, fracamente, es agotador. Yo quiero a mis hijas, deseo lo mejor para ellas y me esfuerzo todos los días para que sean felices. Yo creo que eso es lo que verdaderamente importa.
      Un beso!

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