El espinoso tema de la alimentación complementaria

Tulga acaba de cumplir seis meses (yupiiii!) y nuestra pediatra, tras constatar que la Peque sigue estando escuchimizada (6.170 gr y 63 cm, percentil 9-10), nos ha introducido la alimentación complementaria, o sea, los jodíos purés. Me ha dicho que empiece con la verdura (patata, puerro y zanahoria) y que en dos semanas introduzca la carne de pollo… ah, y de merienda, fruta, pero de la que no tiene “pelo” como el kiwi, que debe ser malísimo. Y cereales con gluten (imagino que en el desayuno, porque ya me quedo sin horas al día). Que no digo que esté mal, pero a lo mejor se podían hacer las cosas con más calma, jolines. Y es que esto de la alimentación complementaria se ha vuelto de pronto, como la lactancia materna, un asunto espinoso.

Los que están en la ola saben lo que es el “Baby-led Weaning (BLW)”, fracesilla en inglés que vendría a traducirse como “destete dirigido por el bebé” y que ningún pediatra del mundo recomienda. En pocas palabras, como explica este artículo, tu le das a tu hijo directamente la comida en trozos, sin triturar y sin andarte con miramientos de si se trata de fruta, verdura, carne o pescado y dejas que sea él mismo el que, poniéndose perdido, decida qué y cuánto quiere comer ¿Miedo a que se atragante? Según dicen es muy difícil que ocurra porque si un crío está listo para sujetar y llevarse a la boca un cacho filete, por poner un ejemplo, también lo está para chuparlo o masticarlo aún sin tener dientes.  Es el self-service de la alimentación complementaria. ¿Ventajas? No tienes que volverte loca pensando si ya puedes darle un trozo de fresa o de  jamón york, ni pasarte las noches haciendo purés como si no hubiera un mañana. A la hora de comer el miniser come lo que haiga (lentejas, pan, macarrones con tomate) y listo ¿Inconvenientes? Que es más difícil controlar las intolerancias alimenticias y que, a pesar de todo, el chiquillo puede atragantarse ¿Qué he hecho yo? Pues un mix. Y más por vagancia que por otra cosa, que en esto, como en todo, huyo de los radicalismos.

La Enana (y Tulga va por el mismo camino) siempre mostró un gran interés por la comida, así que cuando con cinco meses echó mano de una galleta María no se la quité. Dejé que la chupara un rato hasta que la convirtió en una pasta feliz y pegajosa que devoró encantada ¿Que tenía gluten? Pues sí. Pero ya estuve yo atenta a cualquier reacción adversa los días siguientes y como no la hubo, cuando echó mano del pan la dejé hacer. Claro que le hice purés y fui introduciendo los alimentos poco a poco, pero más para no avasallarla con sabores y texturas distintas que por otra cosa. Recuerdo especialmente el huevo: había que empezar dándole un cuarto de clara (¿o era de yema?), luego dos días después, la mitad y otros dos días después la clara entera. Y luego la yema (o la clara) siguiendo el mismo proceso. Vamos que para comerse un huevo entero la chiquilla necesitaba semana y media. Y yo perdí la paciencia al día tres. En cuanto la Enana tuvo seis dientes (un poco antes del año) dejé los purés y pasé directamente a darle la comida en trozos… que, por otra parte,  ya había experimentado con anterioridad siempre con mil ojos sobre ella. Nunca tuvimos un problema ni una reacción adversa y a día de hoy come de todo. Y cuando digo de todo, es DE TODO. Hasta cosas que yo no probaría ni loca como sesos de cordero o hígado de cerdo. Si se puede comer, pa’dentro, esa es su filosofía.

Tulga es otro cantar. Come menos que su hermana, aunque por ahora no le hace ascos a nada. Hasta que empezó la guardería, hace justo un mes, sólo había tirado de teta así que nunca supe qué cantidad de leche tomaba, ni me había preocupado de averiguarlo. Es más: cuando me lo preguntó su cuidadora el primer día de clase me quedé, literalmente, con cara de haba. Luego descubrimos que dependía del día: a veces se echa al coleto 150 ml y otras a penas 70, sin importar el tiempo que haya pasado entre toma y toma. Así le luce el pelo, claro. El caso es que hace unas semanas que se abalanza sobre cualquier alimento que haya sobre la mesa y a pesar de que no tener la bendición de la pediatra, al final, le di a probar galletas, pan y compota de manzana casera… que me sale de rechupete, dicho sea de paso. Cuando el miércoles pasado la buena doctora me preguntó si ya le había dado algo, en vez de mentir como una bellaca, que es lo que tenía que haber hecho, le dije la verdad: que la criatura llevaba unos días catando cosillas, fruta y cereales mayormente. La pediatra miró a la enfermera y le dijo por lo bajini, aunque lo suficientemente alto para que yo la oyera: “Claro, si es que no les das la hoja de la introducción de alimentos y cuando llegan aquí ya les han dado cualquier cosa. Anda imprime una copia”.

Vamos a ver: que la Mayor acaba de hacer tres años y aún tengo bastante fresco todo el proceso. No es que no sepa qué darle a mi hija según su edad es que ni vosotros mismos os ponéis de acuerdo, porque mi anterior pediatra me hizo empezar directamente con los cereales con gluten y la fruta a los cinco meses y medio y ahora me decís que no, que sin gluten y verdura, que la fruta no les gusta a los niños ¿Cuál es el resultado? Que al final voy a hacer lo que me de la gana, hablando en plata. Tendré todo el cuidado del mundo e iré introduciendo sabores poco a poco, pero sin emparanoiarme, que de verdad no tengo tiempo pa’ eso. Sólo espero que Tulga empiece a echar cuerpo con la comida para que dejen de hablarme con si fuera una malamadre que no alimenta bien a sus hijas y que la peque saque el buen diente de su hermana. El resto, se lo dejo a la ciencia… que a lo mejor en diez años descubre que lo mejor es empezar dándoles a los niños jamón de jabugo!

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8 responses to “El espinoso tema de la alimentación complementaria”

  1. Maral Maternal says :

    A mi me pasó lo mismo con la alimentación complementaria…demasiadas directrices para algo tan natural como el comer! Y si encima te encuentras con los dichosos percentiles…para volverse loca!, cada niño es un mundo y los hay más grandes y más pequeños, mientras se le vea que está bien, juega, se rie…no hay que preocuparse, que ya bastantes preocupaciones nos quedan por delante.
    Un saludo

  2. Diario de una Mami says :

    ¡Agggg! Me ponen de los nervios las hojitas de consejos sobre alimentación complementaria que te entrega el pediatra o la enfermera. ¿O debería denominarlas las hojitas de destete encubierto? Porque si les hubiera hecho caso a pies juntillas, mi Pegotito hubiera dejado de tomar leche materna al sexto mes.

    Son el lío padre. No es que se dependa del pediatra que te haya tocado, sino que el pediatra y la enfermera se contradicen, lo que es más fuerte. Así que, al final, se trata de hacer las cosas con un poco de sentido común y punto.

    En nuestro caso, aunque conocía la alimentación BLW, no opté al 100% por ella. ¿Razón? Me daba miedo, qué quieres que te diga. Eso sí, mi Pegotito comenzó a comer pan, en plan sólido, a los 7 meses y medio más o menos. Le encantaba y comenzó a comerlo con mucha soltura. 🙂

    Ahora, con 17, es una devoradora de todo lo que se cruza en su camino. Parece que la chiquilla es de buen comer. ¡Y que no cambie! 😉

    • norgwinid says :

      Sí y sí a todo. Mi pediatra y su enfermera no se ponen de acuerdo ni por casualidad, lo que resulta hasta ridículo. Yo tampoco sigo la BLW al 100% porque me da miedo de que, a pesar de lo que digan, las niñas se atraganten. Eso sí en cuanto la peque eche los dientes se acabaron los purés, que son un latazo. Creo que con un poco de sentido común (como por ejemplo, no darle pescado con espinas o carne con huesos o cosas picantes o demasiado duras) no hace falta volverse loca con esto de la alimentación complementaria. Que después de todo, sólo se trata de comer, por Dios.

  3. A. Rodríguez says :

    Hablando del BLW, si que está recomendada por varios pediatras del mundo, entre ellos el archiconocido Carlos Gonzalez….

    • norgwinid says :

      Sí, jajaja, pero te garantizo que no te encuentras a ninguno en la Seguridad Social!!! Si le digo a mi pediatra que le he dado una galleta María a mi hija de seis meses le dan los siete males!

      • A. Rodríguez says :

        Eso seguro!!!!, jajajajajajajaja
        Y si me ve a mi que mi hijo se lanza como un loco cada vez que me ve con una manzana, que como para decirle que no…..;0)

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