Embarazo, un, dos, tres…

Tengo a dos grandes amigas embarazadas por primera vez y, como toda buena madre primeriza que se precie, están llenas de dudas y preguntas. Dado que servidora ha pasado por el trance en un par de ocasiones y sé lo que cuesta hablar de ciertas cosas con la matrona, he decidido condensar mi sapienza en tres post sobre el tema, uno por cada trimestre. N., A., ¡va por vosotras!

Primer trimestre, entre el “nomelocreo” y la felicidad continua.

Ya está. Estás embarazada. El predictor o el análisis correspondiente da positivo y ¿ahora qué? La primera vez que te pasa algo así te entran ganas de gritar: “¡Paren las rotativas! ¡A ver, todos en orden, que estoy preñada! ¡Ginecólogos del mundo, sacad los ecógrafos!” Por eso, cuando llegas a la consulta de la matrona y ésta a parte de apuntar la fecha de tu última regla y pesarte ni siquiera te mira, te sientes un poco decepcionada ¿Ya está? ¿Esto es todo? Oiga, mire, que le he dicho que estoy embarazada… Si tienes suerte y la chica es un poco simpática o está de buenas, a lo mejor te da pie a hacerle alguna pregunta con voz de pajarito asustado, pero si no te vas a tu casa con la recomendación de no comer jamón y lavar bien las lechugas hasta el mes siguiente. Y, claro, eso es mucho esperar.

¿Qué pasa en el primer trimestre? ¿Soy tan rara como la sangre de unicornio por no querer comer patatas fritas? ¿Cuándo demonios me van a hacer una ecografía? Basándome en mi experiencia personal (y también en alguna experiencia ajena), puedo decir que los primeros meses tienen quizá los síntomas más curiosos de todo el embarazo.

1) A la rica paella valenciana o como llenarse de granos hasta la bandera. Pues sí. Es lo que tiene la revolución hormonal: se te pone la cara como en tus peores días de adolescencia ¡Hasta espinillas en los hombros y en el escote me salieron! Me casé embarazada de poco más de tres meses y recuerdo perfectamente que el día de la boda tenía dos granos como dos obuses, uno en la frente y otro en la barbilla ¡Menos mal que tengo amigas que hacen magia con el maquillaje, porque si no hubiese parecido la novia Hell Boy!

Hellboy_by_randis

¿A qué molo?

 

2) Eso yo no me lo como... Da igual que fuera tu comida favorita, de repente sólo pensar en ella te da asco. O simplemente no te apetece y quieres comer otra cosa que antes ni catabas. Tranquila, es normal. Les pasa a muchas mujeres en estado de buena esperanza. Los que me conocen saben cuánto me gustaba la coca-cola. Era capaz de beberme dos litros al día sin pestañear, pero desde que concebí a la Enana no he vuelto a probarla. Ni un sorbo. Se me quitaron las ganas. Igual que de tomar café. Por alguna razón mi cuerpo empezó a rechazar cualquier cosa que llevara cafeína y aunque me lo pusieran delante y me muriera de sueño me veía incapaz de acercarme algo así a los labios. Que no. Que pa’ ti. Porca miseria…  Muy relacionado a este nuevo y maravilloso sentido del gusto, está el famoso superolfato de las embarazadas, capaz de detectar la presencia de un bote de mayonesa abierto a 50 metros de distancia. Yo no tuve la dicha (o desdicha) de gozar de ese privilegio, pero conozco casos dignos de estudio, como el de una amiga a la que se le revolvía el estómago cuando su vecina del quinto hacía palomitas. Verdad, verdadera.

3) Las famosas nauseas mañaneras. Se supone que este es el principal defecto del primer trimestre: las angustias y las vomitonas nada más levantarse de la cama. Sin embargo, tengo que decir que no siempre se presentan y cuando lo hacen no tienen por qué ser a una hora concreta del día. Con la Enana no tuve ni una. Ni siquiera pequeñita. Pero con Tulga aparecieron al rededor de la octava semana y se quedaron conmigo casi mes y medio. Aparecían fundamentalmente por la noche y, aunque suene contradictorio, se me solían pasar comiendo. Como veis la variedad en este campo es amplia y sea cual sea vuestro caso, seguro que encontráis alguno peor, así que ¡ánimo!

4) El “¡¿perodedóndehasalidotodoesto?!”, también conocido como el increíble caso del pecho creciente. Mi primer síntoma de embarazo, antes incluso de la primera falta, ha sido en ambos casos un aumento espectacular del tamaño de mis tetas. Una noche me acuesto plana, y al día siguiente me encuentro todo un melonar por delantera. Así. Sin más. Algunas mujeres notan además el pecho especialmente sensible, hasta el punto de que el menor roce las molesta, aunque ese no fue mi caso. Sí experimenté, como todas, el oscurecimiento progresivo del pezón que pasó del rosado al marrón oscuro en pocos días. Con la Mayor fue muy pronto, antes de las 12 semanas, pero en mi segundo embarazo esta pigmentación oscura ha tardado algo más en dejarse notar. Por si os preocupa el tema take it easy: tras el parto la cosa vuelve a la normalidad en poco tiempo.

5) Dolores musculares: ¡Hay que empezar a hacer sitio al inquilino! La primera vez me asusté, porque eran dolores bastante fuertes en los costados del vientre, cerca de las caderas y como primeriza desinformada no sabía si aquello era normal o síntoma de que algo no iba bien. Pero no. Es normal. Los músculos y tendones empiezan a distenderse para dejar espacio al útero creciente y el resultado son unos pinchazos molestos que se calman descansando o tomando paracetamol (uno de los poquísimos medicamentos que puedes usar estando embarazada). Yo pensé que no los sufriría la segunda vez que me quedara preñada (después de nueve meses de bombo, los jodíos ligamentos ya podían haberse acostumbrado), pero volvieron a aparecer al final del primer trimestre. Si te pasa igual, en unos días desaparecerán sin dejar rastro y podrás respirar tranquila.

Y hasta aquí mi experiencia personal. Como veis con la Enana, a parte de algunos granos y tetas enormes yo estaba cómo una rosa, hasta el punto de que no me creía embarazada (debí hacerme como diez test ¡y no exagero!). Hay, sin embargo, otros síntomas que también suelen hacer su aparición por estos lares y de los que tengo noticias por diversas vías. Por ejemplo:

6) El supersueño. Algunas mujeres en cuanto se embarazan empiezan a quedarse dormidas por las esquinas. No pueden evitarlo. Están todo el día cansadas y es normal pues su cuerpo está haciendo un esfuerzo de aúpa para generar a un ser humano completo. Mi consejo: si tienes sueño ¡duerme! ¡A la menor oportunidad que se ponga por delante! Porque si tienes el infortunio de que te salga un bebé puñetero te vas a pasar los próximos dos años sin pegar ojo, así que ¡acumula horas, como los pilotos de fórmula 1!

7) Pipí a gogó. Si te entran ganas de hacer pis cada quince minutos no te asustes. Puede pasar. Se debe al aumento del volumen de sanguíneo. Los riñones filtran más sangre y claro, nos entran más ganas de mear. La solución es fácil: ve al baño. Al menos que sientas dolor o escozor al orinar no tienes de qué preocuparte.

8) El sangrando de implantación. Conozco un caso en mi vecindario. Una mamá experta (era su tercer hijo) tuvo un ligero manchado que achacó a la regla y santas pascuas. Cuando se hizo la primera ecografía se llevó un susto morrocotudo porque estaba de un mes más de lo que en principio le tocaba. Los misterios del cuerpo femenino son insondables…

Y ya para terminar un breve repaso a las pruebas médicas del primer trimestre que son dos:

1) Un análisis de sangre completo con el que determinan tu grupo sanguíneo (da igual que lo sepas. Te lo vuelven a pedir, que los médicos son todos unos desconfiados), comprueban la existencia de anticuerpos de varias enfermedades que afectan al feto, a saber: VIH, rubeola y la famosa toxoplasmosis, responsable de que las embarazadas del mundo no puedan comer jamón y, finalmente, con el que realizan el triple screening, es decir, la prueba hormonal que, combinada con la eco, establece las posibilidades de que el bebé tenga algún defecto congénito, como síndrome de Down. En este último caso, si el resultado es superior a 1/250 se considera una gestación de alto riesgo y se recomiendan la amiocentesis. Si no, pues nada. Es importante hacer la extracción justo en la semana 10 de embarazo porque los niveles hormonales de ese momento son los más adecuados. Si se hace después la prueba no tiene la misma fiabilidad. Ah, y prepara también un pis para el análisis de orina.

2) La primera de las tres ecografías que realiza la seguridad social (en torno a la semana 12-13, ya al final del primer trimestre). En  mi primer embarazo esta primera eco fue vaginal, pero con Tulga me la hicieron directamente en la barriga. Imagino que en los dos años pasados entre una y otra cambiaron los protocolos de mi ciudad. Esta es la primera vez que una ve y oye el corazón de su bebé. Le ves las manitas y la cabeza y empiezas a creer que sí, que de verdad llevas dentro a un miniser, que no son imaginaciones tuyas y la felicidad que te embarga es inenarrable. Ains, que me pongo sensiblera!!!!

Y hasta aquí este primer post. N., A., si alguna se ha quedado con alguna duda, ¡que se manifieste!

 

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4 responses to “Embarazo, un, dos, tres…”

  1. marifififi says :

    Ole tu! Que bien explicado. Te suscribo en lo del tamaño de las tetas y el sueño, de los demás síntomas ni rastro. Y si, la cara de gilipollas que se te queda al salir de la primera cita de la matrona es minina… Besicos y deseando leer la siguiente entrega!

  2. Diario de una Mami says :

    ¡Jaja! Muy bueno, como siempre. Yo recuerdo que cogí un asco al pepino impresionante. Le tenía que decir a mi chico que se fuera a la cocina a comerse la ensalada o se atuviera a las consecuencias. 😉

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