Embarazo, un, dos, tres… Reloaded

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El embarazo se parece mucho a la peli de Matrix: no sabes a ciencia cierta de qué va casi hasta el final… ¡pero mola un huevo! Os resumo brevemente cómo fueron los primeros tres meses de mis embarazos antes de meterme en materia:

La Enana.

Síntomas: acné, aumento del tamaño de los pechos, algún dolor muscular.

Peso ganado: 0 kg.

Primera eco: a las 13 semanas.

Barriga: ni la más leve sombra.

Estado emocional: Incredulidad total.

Tulga.

Síntomas: acné (menos), aumento del tamaño de los pechos, nauseas, dolores musculares, cansancio infinito.

Peso ganado: -2 kg. Sí, adelgacé como una campeona, es lo que tiene pasar dos gastroenteritis en el primer trimestre.

Primera eco: a las 12 semanas.

Barriga: despuntando desde la semana 10. Hubo gente que se dio cuenta de mi estado antes de los dos meses.

Estado emocional: Auténtico pavor.

¡Como veis no me gusta repetirme! Original que es una… También es verdad que en mi segundo embarazo había un factor externo (léase, una niña de dos años y con el espíritu de Atila) que contribuyó a que me cansara más, me pusiera más veces enferma y, en general, me olvidara de mi estado el 94% del tiempo.  Cosas de la bimaternidad. En fin. Vamos al lío.

El segundo trimestre: de las mariposas en el estómago a las patadas de fútbol

Sin duda este es el mejor trimestre de todos, primero porque los síntomas más desagradables del principio, como las nauseas o el cansancio, disminuyen o desparecen y segundo, porque por fin nos brota esa maravillosa tripita que nos hace sentirnos verdaderamente embarazadas ¿Qué cambios nos aguardan en este periodo? Pues según mi experiencia los siguientes:

1) Cuestión de pelos. Esto para mi fue una de las grandes sorpresas del embarazo. Yo creo que la naturaleza pensó: “Bueeeeeno, ya que vamos a fastidiar bien fastidiadas a estas pobrecicas de Dios, por lo menos que tengan algo positivo a lo que aferrarse”. La muy japuta. Y es que, amigas, al poco de empezar el segundo trimestre te das cuenta de dos cosas: una, que tu melena ahora es un melenón, mucho más espeso y brillante que nunca antes en toda tu vida y dos, que el vello te tus piernas, brazos, etc. prácticamente ha desaparecido. Que sí. Que hablo en serio. Por causas hormonales, el pelo de la cabeza se queda estancado en su fase de crecimiento y no se cae, de manera que una va por ahí como el león de la Metro. Vamos: ¡El terror de los peluqueros! Item más: se te olvida lo que es la depilación. Con que te pases la epilady un poco por encima cada dos meses vas que te matas. Un lujo asiático. Eso sí: es parir y todo vuelve a la normalidad en cuestión de minutos ¿He dicho ya que la naturaleza es una japuta?

2) La línea alba y otras manchas. Una buena mañana te miras la barriga y ahí está: una línea marrón que empieza en tu ombligo y baja hasta el pubis ¡¿Pero cuándo me ha salido a mi esto?! Y, sobre todo ¡¿se me va a quitar?! No hay de que preocuparse. Es la famosa línea alba. Le sale a casi a todas las embarazadas y, aunque tarda un poco (yo hace siete meses que di a luz y aún tengo una leve sombra), al final se va. Otro cantar son las manchas en la cara, sobre todo alrededor de la boca, que son más jodías de eliminar y a veces se acomodan en tu cutis pa’los restos. Todo es consecuencia de la alteración de la melanina (¿habrá algo que no se vuelva loco cuando nos quedamos preñadas? Si es que nuestro cuerpo parece un parque de atracciones, de verdad), que vuelve a nuestra piel especialmente sensible. Por eso es muy recomendable usar protección solar, incluso en invierno, e intentar no exponernos mucho al sol. A mi, por suerte, no me salió nada en la cara, pero mi prima llegó a tener un auténtico antifaz. Esto es como la primitiva: hay pocas posibilidades, pero al final a alguien le toca.

3) A las ricas contracciones de Braxton Hicks o como ir preparando el terreno. En algún momento del segundo trimestre sientes que, de pronto, tu tripa se pone dura durante unos segundos y luego vuelve a relajarse. No duele. A veces ni molesta, aunque en ocasiones puede resultar incómodo o especialmente intenso. Felicidades, acabas de experimentar una contracción de Braxton Hicks. El señor Hicks describió lo que viene siendo un ensayo general de nuestro organismo de cara al parto, o sea, las contracciones del útero que hacen posible la dilatación y el nacimiento del bebé. Puedes tener muchas, pocas o ninguna (o como yo en mi primer embarazo, tenerlas y ni enterarte hasta que la matrona te lo hace notar), pero no son peligrosas ni malas, e incluso si alguna llega a ser dolorosa nunca lo será tanto como las de parto (cuando aparecen esas lo flipas en colorines y te cagas en lo que se menea. Te lo garantizo). Con Tulga yo las tuve desde las 16-17 semanas (ya sabía reconocerlas ;P), y a medida que avanzaba la gestación llegaron a hacerse muy continuas y molestas, hasta el punto de tener que estirarme si estaba sentada o pararme si iba caminando. No sé si tuvo algo que ver o no, pero a lo mejor fue eso lo que contribuyó a que mi segundo parto fuera extra-rápido y que la peque casi naciera en la rotonda camino del hospital. No lo descarto.

4) Anda amor, dame un besito… Y un achuchón. O dos. Porque la libido se dispara y acabas más salida que el pico de una esquina, con ganas de zumbarte a todo lo que se menea. Vamos, que si el costillo colabora, lo dejas seco en un par de semanas… Lo que pasa que no todos se dejan. Ains, qué mojigatos. La explicación pa’ esto creo recordar que tenía que ver con la mayor irrigación sanguínea de la zona vaginal o a lo mejor era cosa de las dichosas hormonas, no estoy segura. En cualquier caso, disfrútalo mientras dure, porque como ya escribí en otro post, una vez que nace el churumbel la pareja entra en el dique seco una buena temporada.

5) Para terminar mi conocimiento personal de este trimestre tengo mencionar algo que no es un síntoma en sí mismo, pero que se manifiesta también en este momento. Me refiero a los movimientos de bebé. Dependiendo de tu constitución y de si es o no tu primer embarazo, la primera vez que una futura madre nota a su hijo haciendo de las suyas suele ser entre la semana 16 y la 22. Al principio es como un aleteo o un pececito que de pronto da su salto en tus entrañas. No estás segura de haberlo sentido y te quedas muy quieta a ver si se repite, pero nunca lo hace, con lo que te sientes un poco boba y empiezas a sospechar que tienes gases. Luego, a medida que la criatura crece y va cogiendo fuerza, el aleteo se convierte en golpe, patada o puñetazo, a veces en un agitación tan salvaje que una piensa que tiene dentro un equipo de fútbol completo entrenando para la Champion. En cualquier caso la sensación es indescriptible. Para mi no hay nada mejor. Yo empecé a notar a mis hijas muy pronto, sobre la semana 17-18, al principio sólo cuando estaba recostada y después de haber comido (el azúcar es lo que tiene) y luego a cualquier hora, aunque las dos han tenido predilección por las noches. Se supone que al final del embarazo, al no tener tanto espacio disponible, los bebés se mueven menos, pero estas no pararon un segundo hasta el mismo momento del parto.

Y, ahora, como en el post anterior, van todos aquellos achaques de los que tengo noticia por parte de amigas, compañeras de trabajo o conocidas de las clases de preparación al parto, y  de los que yo, suertuda de mi, me libré en ambos casos. Por ejemplo:

6) Estreñimiento y acidez de estómago. Tanto lo uno como otro son el resultado de la presión del útero creciente sobre los órganos internos de la mami. Y, o yo tengo espacio de sobra o un intestino que es la hostia excelente, porque para mi comer e ir al baño no supusieron ningún problema en mis embarazos. También es verdad que el momento estrella de estos síntomas suele ser el tercer trimestre cuando está todo más “apretao”, pero ni aún entonces experimenté el más leve malestar gástrico ¡Bien por mi!

7) Insomnio. A veces por los movimientos del bebé (yo me limitaba a darme la vuelta y seguir durmiendo), por los calambres (¿?¿¿??), por las ganas de hacer pis o porque el cuerpo te está dando una pista de lo que te aguarda en el futuro, algunas madres empiezan a tener dificultades para dormir en estos meses. Como digo, no fue mi caso. Yo he roncado cual marmota todas las noches,… salvo aquellas en las que mi Enana se despertaba por algún motivo estrafalario como la bruja de Blancanieves intentando entrar por la ventana de su habitación, pero esto son imponderables de la vida que poco o nada tienen que ver con el embarazo.

8) ¿Dónde he puesto las llaves? Muchas mujeres tienen en este periodo la cabeza en las nubes. Se olvidan de las cosas, están todo el día despistadas, pierden el móvil y el bolso dos veces por semana, etc. ¿Es raro? Sí ¿Hay que preocuparse? No. Es un síndrome habitual durante la gestación, consecuencia de la sopa hormonal en la que se ha convertido nuestro cerebro, que durante el embarazo parece estar para pocas. Si es que la naturaleza será una japuta, pero es sabia y nos inunda de endorfinas y otros vapores para que veamos todo de color de rosa y nos quedemos preñadas… ¡Y hasta repitamos experiencia!

Y ahora un repasillo a las pruebas médicas del segundo trimestre, que por la seguridad social de mi ciudad son dos:

1) Un análisis de sangre y orina, sólo que esta vez el primero viene acompañado del asqueroso test de O’sullivan, que sirve para valorar los niveles de azúcar en sangre y prevenir la diabetes gestacional. El beberte un jarabe de glucosa, pegajoso y tremendamente dulce con el estómago vacío hace que se te revuelvan las tripas cosa mala y esto es peligroso porque si vomitas no vale la prueba y hay que repetirla. Yo lo pasé fatal en ambos casos (peor la primera vez, sobre todo porque la enfermera no me encontraba la vena y acabé con los brazos llenos de cardenales por su culpa), aunque al final conseguí contenerme y no decoré los zapatos de la chica que me pinchaba con azúcar regurgitado.

2) La ecografía morfológica, la más importante, porque determina si el bebé presenta alguna malformación o si hay algo que no marcha correctamente (bajo peso, placenta previa, poco o mucho líquido amniótico, etc.). También es la eco en la que, si quieres, te dicen el sexo de la criatura por eso de ir comprando la ropa adecuada!!!! Suele hacerse entre la semana 20 y la 22 y es doble: vaginal y directamente sobre la tripa. Dura algo más que la primera, porque tienen que mirar y remirar al bebé, cada órgano y cada miembro y eso lleva su tiempo. Además, si el chiquillo no colabora y se dedica a dar el culo a la cámara, a lo mejor te toca ir a comer algo dulce y dar un paseo para que se recoloque y se deje ver en condiciones.

Y si todo va bien, hasta aquí hemos llegao. La matrona te ve una vez al mes, te pesa, te toma la tensión, te pregunta con voz cantarina “¿Y qué tal?” y con un poco de suerte te pone un cacharro en la barriga para escuchar los latidos del bebé durante medio minuto. Si se presenta algún problema, como por ejemplo, que la curva de glucosa te de alta, entonces te repiten la prueba y te ponen a dieta hasta el parto. En mi caso, fue en este segundo análisis donde descubrí que padecía hipotiroidismo subclínico y digo descubrí porque si no me pongo un poco burra y le doy la vara a mi médico de cabecera aún estaría sin enterarme de nada. El hipotiroidismo es bastante frecuente en las embarazadas y no reviste mayor gravedad, aunque sí es importante tratarlo  y hacerlo cuanto antes, sobre todo, en el primer trimestre, porque el feto no produce hormonas tiroideas y depende exclusivamente de las de la madre para su desarrollo neuronal. Un hipotiroidismo no tratado puede dar lugar a un aborto, a un parto prematuro o a bebés con poco peso al nacer, y en los casos más graves ceguera, sordera o deficiencia mental en el niño. Cuando fui a recoger los análisis del segundo trimestre mi atento doctor me dijo con tono monocorde: “Umm, el azúcar está bien, tienes anemia, te voy a recetar hierro, y el colesterol está por la nubes, así que bebe leche desnatada…. ah, y esto está un poco alto, pero bueno”. Y yo: “¿El qué está alto?”. “Nada, nada, el tiroides”. “¿Y eso qué es? ¿Hay algún problema?”. “No. Bueno, sí. ¿Tienes consulta con la matrona pronto? ¿Sí?, pues pregúntale a ella…”. Y allí que fui a preguntarle a la matrona que se me quedó mirando con cara de haba sin saber qué contestar: “Ay, chica, pues no sé ¿por qué te ha dicho que me preguntes a mi? Espera que luego hablo con una colega del hospital y le consulto”. Unas horas después la matrona me llamó al móvil y me dijo apurada que fuera al día siguiente a ver al médico, que ya me había pedido ella misma la cita a primera hora de la mañana, que me recetara tratamiento para el hipotiroidismo y me diera un volante urgente para el endocrino. Y todo para ya, pero ya. Yo empezaba a acojonarme, pero mi médico se lo tomó todo con una pachorra increíble, me preguntó que por qué me tenía que recetar las pastillas (cómo si yo lo supiera) y me dijo que, con las lista de espera que había, tendría suerte si el endocrino me veía antes de dar a luz (yo estaba ya de 23 semanas). Cuando un mes después por fin me recibió el especialista puso el grito en el cielo: por qué rayos no había ido a su consulta nada más quedarme preñada, que a estas alturas del embarazo poco se podía hacer, que cómo no sabía yo que tenía el tiroides chungo (porque, claro, todos nos miramos el tiroides por la mañana nada más levantarnos), que si tal y que si pascual. Resumiendo, que estuve en tratamiento el resto del embarazo y sumida en la incertidumbre hasta que dos meses después de nacer Tulga nos llegaron los resultados de sus análisis diciendo que estaba todo bien. Manda huevos. Pero bueno, no voy a hacerme mala sangre a estas alturas.  Os resumo mis dos segundos trimestres:

La Enana.

Síntomas: Pelazo espectacular, aparición de la línea alba, aumento del deseo sexual.

Peso ganado: 5 kg.

Segunda eco: a las 20 semanas.

Barriga: Empezó a asomar sobre la semana 16, aunque mucha gente aún dudaba si lo mío era un embarazo o un exceso de tapas y cerveza. Se hizo evidente a partir de la semana 20-21, pero en tamaño manejable.

Estado emocional: Feliz de la vida.

Tulga.

Síntomas: Pelazo espectacular, aparición de la línea alba, aumento del deseo sexual, contracciones a gogó.

Peso ganado: 7 kg. Los dos que había perdido y cinco más de regalo. Por chula.

Segunda eco: a las 21 semanas.

Barriga: A las 16 semanas nadie dudaba de que estaba embarazada. Al final del trimestre (sobre la semana 28) había quien me decía “Te falta poco, ¿no?”, porque entre mi corta estatura y el barrigón que llevaba parecía a punto de echar a rodar.

Estado emocional: Auténtico pavor.

Y hasta aquí el segundo trimestre. En breve la tercera y última entrega!

 

 

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7 responses to “Embarazo, un, dos, tres… Reloaded”

  1. Diario de una Mami says :

    Bueno… Me he quedado de piedra con lo del hipotiroidismo no diagnosticado hasta último momento. ¿De verdad actuó así tu ginecólogo? ¡Es para meterle un paquete al especímen!

    Y lo demás…, ¡jaja! Buenísima la frase de “Porque la libido se dispara y acabas más salida que el pico de una esquina, con ganas de zumbarte a todo lo que se menea”. ¡Jajajaja! Me ha encantado. 🙂

    • norgwinid says :

      Sí, lo de mi médico no tiene nombre y lo del endocrino tampoco, que el muy animal me echó directamente la culpa a mi de todo lo que pudiese pasarle a la criatura… Es más, en la segunda consulta que tuve con él me saludó con un “¿Sigues embarazada?, Ah, bueno”… En fin. En cualquier caso el segundo semestre es el mejor. Sin duda.

  2. marifififi says :

    Suscribo el despiste, las contracciones, la líbido (bendita líbido) y el movimiento del bebe y añado la sensación de felicidad plena y la piel radiante. Y sobretodo la belleza interior y exterior, ¡ains que sensación tan bonita! besicos

  3. lilmgc says :

    Parece mentira lo que cambia todo de una mujer a otra, es que ni una! Yo fui toda pelos, el sexo ni oír hablar de él, se me quitó el acné horrible que tenía de antes, sentí al nene desde la semana 13, tuve insomnio, ardores e indigestión, sensación de ahogarme desde el 7• mes y muuuchos dolores de costillas.

  4. norgwinid says :

    Jajaja. Madre mía. Pues de todo eso no tenía ni idea! ¿desde la semana 13? Guau. Pues la matrona a mi no me creía cuando le decía que las notaba en la 16, que era muy pronto, me decía!!!

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