Había una vez…

Como ya he dicho en alguna ocasión, me gusta leer… aunque tengo que reconocer que la maternidad ha puesto algo de freno a mis costumbres (es difícil concentrarse en una novela si tienes a una niña de tres años intentando jugar contigo a las cocinitas, a un bebé pidiendo teta y a tu madre enviando wasap como si no hubiera un mañana. TODO A LA VEZ). El costillo también le da al tema y como resultado nos faltan estanterías en casa para dar cabida a tantos libros. No podemos resistirnos: librería que vemos, librería en la que entramos y así nos luce el pelo. No sé si por imitación o porque lo lleva en los genes, mi Enana ha mostrado siempre gran interés por los cuentos, a veces hasta límites obsesivos (Aunque. Bueno. Ahora que lo pienso, en general los niños se obsesionan con casi cualquier cosa: dinosaurios, trenes, la Cenicienta… lo que sea, pero en bucle). En su caso, todo empezó con el Pollo Pepe.

pollo pepe

Lo compramos en una feria del libro, cuando la Mayor tenía ocho o nueve meses y estaba en su fase de ¡me-encanta-si-tiene-plumas! (vamos, el terror de patos, pollos y almohadones…). Fue más por hacer la gracia, que porque pensáramos que ya estaba preparada para su primer libro, pero oyes, ¡menudo éxito! Contamos la historia del dichoso pollo veinte mil veces (y mira que se limita a comer maíz y trigo y a crecer de manera desproporcionada), y cada vez le gustaba más, sobre todo cuando salía la mamá gallina, toda enorme, de su solapa. Ante su reacción favorable empezamos a comprar otros libros, sobre todo de actividades, con texturas, colores y esas cosas. Era demasiado pequeña para seguir una historia, pero disfrutaba sobando las páginas, viendo los dibujos, pasando el dedo por los pedacitos arrugados o suaves del papel. Le gustaron mucho unos de la colección Usborne, titulados “El bebé descubre…”, fabricados en cartón del bueno, apto para todo tipo de babas y manchas de papilla y con dibujos muy simples y coloridos. Aún andan por casa y de vez en cuando los ojea, como recordando viejos tiempos. Si es que ya es una niña mayor.

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Un poco antes de cumplir los dos años mi Enana se adentró en el maravilloso mundo de los cuentos. Me explico: hasta los 18 meses a penas había logrado mantener la atención sobre NADA más de 10 minutos, así que no había visto nunca una película de dibujos ni leído una historia de más tres páginas. Sin embargo, en algún momento entre el verano y las Navidades de 2013 sufrió una metamorfosis digna de Kafka: se enganchó a Blancanieves. Y nos caímos con todo el equipo. Vio la película de Disney hasta rallar el DVD y cuando ya se sabía hasta los diálogos va y me pregunta si no hay más “¿Más qué, hija?”, inquirí yo con un hilo de voz. “Pues más cuentos, mamá, que no te enteras”. Y claro, los había: la Cenicienta, Caperucita Roja, La Bella Durmiente, Los Tres Cerditos, Rapunzel… Tuve la suerte de encontrar una edición preciosa de relatos clásicos en Carrefour (a quien se lo diga…), con historias adaptadas a sensibilidades infantiles (por ejemplo, el lobo no se come ni a la abuela ni a Caperucita, sino que encierra a la primera en un armario y persigue a la segunda por toda la casa, hasta que llega el leñador y lo espanta). A mi me parece un pastelón de mucho cuidado, pero la Enana lo flipa en colorines y así ha conocido al Gato con Botas, al Sastrecillo Valiente, a Pulgarcito o a Hansel y Grettel (donde, por cierto, la bruja tampoco muere. Solo se queda encerrada en el horno un ratito mientras los niños escapan. Dramatismos los justos). Sin embargo, los libros favoritos de mi hija son sin duda los de Berta, de Liane Schneider. Los publica Salamandra, con preciosas ilustraciones y los hay de todo tipo y condición: Berta va al cole, al dentista, a la playa. Berta aprende a bailar, a montar a caballo o a esquiar. Berta tiene un hermanito o va a la escuela… Vamos, una Berta para cada ocasión.

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Las historias son muy sencillas y están contadas desde el punto de vista de la niña, lo que las vuelve algo “familiar”. Muy arteramente, un mes antes de la revisión de los tres años, con vacunas incluidas, le regalé a la Mayor el de “Berta va al médico”. Lo leímos cienes de veces y cuando tocó ponerse la banderilla ni rechistó, porque la Berta de los libros se había portado como una valiente y ella no iba a ser menos. A mi se partió el alma cuando la vi mirarme con sus ojazos llenos de lágrimas y me dijo en un susurro: “me han hecho daño en el bracito, pero no pasa nada, mamá”. Ains, si es que a veces me saca de mis casillas, pero es para comérsela!

A su corta edad mi Enana quiere aprender a leer para poder leerse ella misma los libros, las veces que le de gana y cuando le apetezca, sin tener que esperar a que mamá o papá tengan un rato libre o a que sea la hora de irse a la cama para el cuento nocturno… ¡si hasta ha empezado a llevarse los libros al baño cuando va a hacer sus cosas! Los niños son como esponjas, no lo dudéis. A estas alturas cuenta con una buena biblioteca donde conviven las historias de Teo con Frozen y otras “moderneces”. No hay día en que no lea un ratito, aunque sea sólo antes de dormir, ni momento de paseo que no aproveche para pedirme que le narre otra vez “El Mago de OZ” (en mala hora se me ocurrió cantar un día mientras caminábamos eso de “sigue el camino de baldosas amarillas…). Creo que aunque no pueda dejarle nada más en herencia, convertirla en una lectora voraz es lo mejor que puedo hacer por ella… y además resuelve mucho el problema de qué comprar en Reyes y cumpleaños. Espero que Tulga siga el mismo camino. Por ahora ha empezado a chupar los libros de goma del baño, lo que viene a ser comerse – literalmente – la cultura.

¿Y vosotras? ¿Vuestros churumbeles tienen algún libro favorito?

 

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9 responses to “Había una vez…”

  1. Futura mami Marta says :

    Mi sobrina está con el pollo pepe que vamos… Le trajeron los reyes el libro y el peluche y cada vez que voy a su casa me lo enseña jajaja

    • Norgwinid says :

      Ains, sí, el peluche. Se me había olvidado!!!! El nuestro ya anda perdido por ahí, en alguna caja. Ahora le molan más las muñecas que los pollos. Será cuestión de sacarlo para Tulga!

  2. marifififi says :

    El Pollo Pepe es uno de sus imprescindibles, :). Besicos

  3. mamanovata says :

    La verdad es que como mami novata que voy a ser.. No me suenan nada esos libros jeje. Pero me parecen unas recomendaciones buenísimas para los peques.
    Berta me ha recordado a “Teo” de nuestra época jejeje.

    • Norgwinid says :

      Sí, Berta es del estilo de Teo, pero más moderna y la colección tiene libros para aburrir… vamos que te puedes montar una buena biblioteca! Y tranquila, que ya te tocará comprar cuentos y leerlos mil veces!!!

  4. Diario de una Mami says :

    ¡Hombre! ¡El pollo Pepe! Nos lo ha recomendado todo quisqui, así que lo compraremos próximamente. De momento Pegotito flipa con los de “Cucú-Tras”. Tiene 2 y nos pasamos el día haciendo ruiditos de animales. También con los de Mickey Mouse. Desde que vio los dibus de “La casa de Mickey Mouse” en Disney Channel, Mickey y su pandi entraron en nuestras vidas.

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