Un día en la vida

06:05 a.m. Tulga decide que dormir es para cobardes y me despierta con un berrido en Do mayor, digno de María Callas. Intento convencerla de que se quede en la cama un rato, le ofrezco teta, mimos, un unicornio rosa, pero nanai. Que no, vaya. Se limita a dedicarme una mirada reprobadora que viene a decir que o me levanto de una vez y le cambio el pañal o va arder Troya. Así que me levanto, of course.

06.45 a.m. Me meto en la ducha. Tulga juega en su hamaquita con el paquete sin abrir de mis discos de algodón, aunque anda con la mosca detrás de la oreja. Creo que piensa que en cuanto me quite el ojo de encima le haré un truco de escapismo a lo Houdini y me colaré por el desagüe sin avisar. Nada más cerrar el grifo y abrir la mampara tira el paquete de discos de algodón y me levanta los brazos para que la coja. Yo, claro, estoy chorreando y aspiro secretamente a secarme y hasta – puede – a untarme un poco de crema. Tulga no comparte mi opinión sobre el particular. Intercambiamos impresiones. Gana Tulga.

07.15 a.m. Con el pelo mojado y tras vestirme con una sola mano como si estuviera entrenando para ser contorsionista en el Circo del Sol, procedo a despertar a la Enana. 10 minutos después sigo intentando que se levante. Al final su padre consigue que abandone el cálido nido de las sábanas con la táctica del cocodrilo, que consiste en hacerle cosquillas de manera inmisericorde mientras grita: “Que vienen los cocodrilos, aaarrrrg!!!!”. Me pregunto por qué a mi no me funciona la técnica. Me lo apunto para investigarlo más tarde.

07.50 a.m. Le doy teta a Tulga mientra le preparo el desayuno a la Mayor y compruebo en el calendario lo que toca llevar de almuerzo a la guardería. La Enana me pregunta si no desayuno, pero no me da tiempo. De hecho, debería pasar por el baño a hacer aguas mayores, aunque como ya voy con retraso lo dejo para luego…

08.10 a.m. Llevo a las niñas en la guardería y enfilo para el trabajo. El proceso parece simple, pero no. Para empezar Tulga no se quiere sentar en su silla del coche y se agita y patalea igual que la Niña del Exorcista. La Enana en su afán por ayudarme tira dos veces las mochilas, se me mete por medio y tarda seis minutos enteros en ocupar su lugar. Gracias, hija. No sé qué haría sin ti. Por su puesto en las cercanías de la guarde no hay dónde aparcar, y nos toca dar un par de vueltas para dejar el coche, casi de canto, dos calles más allá, lo ideal para ir con dos niñas pequeñas, una en brazos y la otra caminando, las mochilas y mi bolso a las ocho de la mañana. Por lo menos no llueve. Si es que me encanta ver el baso medio lleno…

08:30 a. m.-02:30 p.m. En el curro. Parece que no pero en este rato suelo ganarme el sueldo. Con suerte, a veces, hasta puedo ir al baño. Hoy no es caso.

03:05 p.m. Tras salir escopetada del despacho, corro hasta el parking, conduzco 13 kilómetros de semáforos, atascos y coches aparcados en triple fila y finalmente llego al pueblo, a las cercanías de la guarde. Y digo cercanías porque tampoco hay dónde dejar el coche, que va a parar a un descampado. Dos minutos de felicidad absoluta con motivo del reencuentro. Para ellas (y para mi) es como si hubiese vuelto de China de viaje de negocios. Besos, besos y más besos.

03:20 p.m Entramos en casa. Antes de meter la llave en la cerradura la Enana me pide la merienda con voz lastimera. Si no supera que ha comido hace poco más tres horas pensaría que lleva sin catar nada desde el desayuno (como su madre, por otra parte). Suplico paciencia mientras esquivo los saltos del perro que está encantado de habernos conocido e intento dejar el bolso, atender al móvil y cerrar la puerta, todo sin que Tulga se despeñe de mis brazos en el proceso. Parezco una malabarista. Al final mi futuro va estar el Circo del Sol, ya verás.

03:40 p.m. Llega el Costillo y saca al perro que está a punto de sufrir un ataque de apoplegía. Por mi parte, me dedico a dar meriendas (teta para una, bocadillo y plátano para otra) y descongelo lo primero que pillo para comer nosotros. A la rica dieta saludable y equilibrada. Esta vez me levanto sólo tres veces de la mesa durante la comida (mamá ya he terminado de hacer caca, mamá ponme dibujos, ¡buaaaaaaaaaaaaa!) y hasta intercambio cuatro frases enteras con el padre de las criaturas. Yupiiii. Por cierto, los platos los friegas tú, hermoso, que yo tengo que ir al baño.

04:45 p.m. Me meto en el váter a ver si por fin consigo hacer lo mío, pero es difícil. La Enana se presenta a los 30 segundos exactos para ver si le leo un cuento y, ya de paso, informarme de que su hermana, por el clásico sistema de ir arrastrando el culo, se acaba de salir de la alfombra y “está en el suelo frío”. Pongo los ojos en blanco y pienso: “Ya terminaré luego”. Además se aproxima la hora del parque y empieza a palparse la impaciencia en el ambiente.

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05:30-07:30 p.m. Parque’s Time. Sin comentarios. Bueno, sí, qué cojones: si tú, pobre incauta que aún no has tenido hijos, piensas que en el gimnasio quemas calorías y haces deporte eso es porque no has perseguido a dos criaturas campo a través, una de ellas montada en una bici y la otra muerta de risa en un carrito que llevas cargado hasta la bandera con aguas, chaquetas, toallitas, pañales y el casco de la bici, que claro, dura puesto en la cabeza de la interfecta alrededor de tres minutos. Entre subir y bajar niñas de columpios, mediar en sangrientas disputas por la prioridad de usar el tobogán o la posesión de la Última-Pala-Del-Poder-Y-La-Gloria y asegurarte de que ambas llevan el gorro/chaqueta/o lo que toque puesto se te pasan las dos horas volando. Y entonces toca lo mejor, convencerlas de que hay que volver a casa. Esto puede prolongarse más de lo esperado y acabar en llanto general (suyo y tuyo, que a estas horas ya estás hasta las mismísimas narices).

08:00 p.m. Tocan baños y cenas y yo acabo chorreando agua y puré a partes iguales. Tulga cae a medio bibe. La Enana me hace chantaje emocional para que le deje ver otro capítulo de Peppa Pig. Me resisto un poco pero al final cedo, porque no puedo con mi alma. Y como el que no quiere la cosa, llega el mejor momento del día: el cuento nocturno, el buenas noches, mamá y el tequieromucho. Ahí es cuando mis hormonas me toman al asalto y me hacen desear traer otro churumbel al mundo. Si es que lo tienen bien pensado las jodías

09:20 p.m. La casa en silencio. El costillo y yo aprovechamos para cenar, charlar un rato, leer el correo o jugar al scrabble (¿qué pasa? Algún vicio tenía que tener una…). Si aún me quedan energías dedico un rato a depilarme, planchar o dar una pasada rápida al baño. A veces alguna de estas tres cosas no son opcionales. Mierda.

11:25 p.m. Me voy a la cama. Mañana tengo que acordarme de comprar sal, que no queda, y galletas, y de poner la lavadora, ¿Al final he ido al baño?… Zzzzzzzzz

Resumiendo: el estreñimiento de una madre no se debe a falta de fibra, ¡sino de tiempo!

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10 responses to “Un día en la vida”

  1. Diario de una Mami says :

    ¡jaja! Me pasa lo mismo. Un día reventaré por dentro. Y eso que en casa solo somos 3. 😉

  2. nosoyunadramamama says :

    jajajaja, lo del carro lleno de cosas es verídico!!! en una ocasión, en la guardería nos dieron una biblioteca itinerante (tal cual) con unos 20 libros, aquel día fue el no va más porque era viernes y vienen con los mandilones, Alfonso tiene entrenamiento, en fin, surrealista… Alma de cántaro, dime que la niña toma el pecho a velocidades de fórmula 1 porque sino menudo mérito tienes, jajaja

    • Norgwinid says :

      Jajajaa. Pues sí, es bastante rápida, tengo que admitirlo… por lo menos ahora, porque al principio nos podíamos tirar una hora con cada toma. A estas alturas es capaz de dejarme escurría en cuestión de 10 minutos!!!
      Ains las guardes… Si te digo como llego yo a casa algunos días, que parezco el camello de los Reyes Magos entre gusanitos del cumple de Mengano, la tarjeta del día del árbol, las chaquetas que no se quieren poner porque hace calor, las mochilas, mi bolso,… Y la peque en brazos, que tiene ocho meses y no camina!!!! Necesito una carretilla!!!

  3. Mamá Zombi says :

    Hacía tiempo que no me reía tanto, ¡con la falta que hace! Yo también sufro de estreñimiento inducido… Todas estas habilidades tendrían que poder ponerse en el CV. Yo quiero ir a por un tercero, pero después de tu relato igual me lo pienso un ratito más, jejeje.

    • Norgwinid says :

      Ainsss! Si que es hace tres años que no sé lo que es ir al baño sin compañía, que lo que se pierde cuando nos convertimos en madres no es la figura ¡es el pudor! Y lo del tercero te comprendo. Por las noches, con las dos dormiditas tan monas, me entran ganas de montar un equipo de fútbol. Luego cuando se despiertan se me pasa!!!!

  4. entremishoras says :

    Jajajaj genial! Desde luego, qué estrés leerlo, pero es que es nuestro día a día!!! Y el silencio a mi casa, llega como pronto a las 22:00 h imagínate!

  5. Naninet says :

    tal cual mi dia a dia jeje como madre sin hablar que continuamos usando la ropa de embarazada porque ya nada nos queda

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