Lo que (de verdad) necesita un bebé II

Después de unos días de merecidas vacaciones hemos vuelto todos a la rutina y nada más sentarme frente al ordenador me he dado cuenta de que dejé una entrada sin publicar. Las prisas, las maletas, las ganas de poner pies en Polvorosa… algo se tenía que quedar a medias… y menos mal que no fue la llave del gas! Así que, allá va: la segunda parte de lo que (de verdad) necesita un bebé.

6) Ñam, ñam (o la hora de comer). Si das el pecho, la alimentación de tu hijo te sale totalmente gratis sus primeros seis meses de vida. Luego sólo tienes que ir introduciendo comida que normalmente ya tienes en casa como fruta, verdura, pollo, pescado, etc., en puré o en trozos, que en eso ya no me meto. En cambio si, por el motivo que sea, optas por el biberón no te queda más remedio que hacer un desembolso y agenciarte algo de parafernalia, pero, tranquila, que tampoco hay que volverse loca. Como ya sabéis (y si no, os lo digo ahora), la Mayor estuvo con lactancia mixta hasta los cuatro meses, cuando por fin conseguí instaurar el monopolio de teta. Yo ni me había planteado lo de la leche de fórmula así que, al volver del hospital, no tenía en casa ni un triste biberón. Mal. Por si las moscas no cuesta nada comprar un par de ellos y dejarlos en salmuera, no sea que luego te toque salir corriendo a buscarlos, como en mi caso. Al igual que ocurre con la ropa, en esto puedes gastarte lo quieras, aunque lo absolutamente necesario es: tres o cuatro bibes, a ser posible de los que ya llevan la medida de cucharadas de leche que corresponden por mililitros de agua, muy útil a las tres de la mañana cuando intentas alimentar a tu retoño con el ojo medio pegado, tetinas de repuesto y una lata de leche. Y ya. Por supuesto, hay mil cachibaches que te pueden facilitar la vida (y petarte los armarios) como calientabiberones, esterilizadores y hasta escurre biberones supercuquis, pero, en serio, no son imprescindibles. Es más: sé que alguna de vosotras pensareis que estoy loca o que no miro por la salud de mis hijas, pero aprovecho para confesar que no he hervido un biberón en mi vida. Jamás. Los he lavado muy bien con agua y jabón después de cada uso y antes de estrenarlos, pero, al menos que se trate de bebés prematuros o con algún problema de salud, me parece una pasada obligar a una pobre madre a realizar el complejo ritual de la esterilización del chisme tras cada toma.

En cuanto a las leches de fórmula las tienes del precio que quieras, desde las de marca blanca hasta las más caras, en las que el bote te sale a 20 euros (oro puro esa leche, digo yo). Durante sus primeros meses de vida la Mayor estuvo con Nidina de Nestlé. Probé una de Blevit (la primera que le endilgó la farmacéutica al Compañero cuando se presentó en su mostrador tres días después de nacer la Enana con cara de angustia vital), pero la estreñía cosa mala. Una vez más mi vecina M. vino en mi auxilio y me recomendó esa marca que fue la que utilicé hasta que pude pasarla a la teta.

Antes de abordar el último punto de la lista, un aviso a navegantes: no existe la menor duda de que el mejor alimento para un niño en sus primeros meses o años de vida es la leche materna. Pero a veces esto de la teta se complica o resulta directamente imposible. La lactancia se ha convertido, no sé por qué, en el caballo de batalla de muchas madres y he llegado a leer autenticas barbaridades en la red (insultos incluidos). Como ya dejé clara mi postura al respecto no voy a repetirme, basta con que os deis un paseo por aquí. He dicho.

7) Bienvenidos a la “guarde”. Si tenéis la fortuna de ser madres trabajadoras, llegará un momento en que se os acabará la “fabulosa” baja de 16 semanas  que nos concede el Gobierno+ la acumulación de la lactancia + las vacaciones + los días libres o lo que sea que tengáis acumulado y no os quedará más remedio que volver al trabajo. Y claro, los bebés en esos sitios no suelen ser bien recibidos. Si el papá también trabaja y no podéis (o no queréis) tirar de familiares para hacerse cargo del retoño, sólo os quedan dos opciones: o contratar una niñera o meter al churumbel en la guarde. No voy a entrar en la polémica de si es bueno o no “aparcar” a los niños durante horas en una guardería… O sí, qué cojones, que hoy me he levantado reivindicativa: No es malo en absoluto. Es una necesidad. Ojalá me hubiese podido quedar con mis hijas en casa dos años, pero no he tenido opción. Con la Mayor me reincorporé a las 16 semanas dejando en manos de desconocidos a mi primogénita de menos de cuatro meses y con Tulga conseguí quedarme en casa hasta un día antes de sus cinco meses de vida, gracias a las vacaciones que no había disfrutado y que pude reclamar ¿Qué otra opción tenía? ¿Renunciar a un trabajo que nos hace falta para mantener a la familia? ¿Contratar a una persona que se hiciese cargo de ellas (tan desconocida, por otra parte, como las chicas que las cuidan en la guardería y que son un auténtico amor) y que no puedo pagar? ¿Traer a mis padres o a mis suegros desde sus respectivos domicilios a 400 y 800 kilómetros de distancia de mi casa? Las niñas han estado en la guardería el tiempo estrictamente imprescindible: o sea, mi jornada laboral que es más corta y definida que la del Costillo. Ni un minuto más ¿Lo he pasado mal? Muchas veces. He tenido la sensación de abandonarlas, de no cumplir con mis obligaciones como madre y me esforzado luego por compensarlas ¿Es justo? No. Es una mierda. Pero nadie tendría que atreverse a juzgarlo o decirme que no me preocupo por su bienestar, que las expongo a mil contagios (como si luego en el colegio las criaturas estuvieran en un medio más aséptico que un quirófano) o que si no puedo cuidarlas como Dios manda no tendría que haberlas tenido (todo cosas que he leído u oído sobre el tema).

Tras este desahogo, vamos al lío: el precio de una guardería (o niñera) puede variar bastante. Si la guarde es pública suele ser muy barata, aunque presenta dos problemas: sus horarios casi siempre son reducidos, incompatibles con cualquier trabajo normal y además a menudo están hasta la bandera. Vamos que tienes que reservar plaza antes incluso de quedarte embarazada. Las privadas son más caras, pero más flexibles, igual que las concertadas. Nosotros tenemos la suerte de contar con una concertada con el ayuntamiento del pueblo en el que vivimos que nos sale a un precio más que razonable: unos 180 euros al mes (comedor incluido). Las chicas que trabajan allí son todas maravillosas y mis hijas han estado atendidas, cuidadas y hasta mimadas. Es un gasto fijo, sí. Pero luego te devuelven casi todo en la declaración de la renta, por lo que tampoco hay que echarse las manos a la cabeza.

8) Y ya para terminar, lo último que unos padres primerizos necesitan agenciarse antes del nacimiento del querubín es un sitio donde echarle a dormir. Cosa que puede complicarse bastante… Comprar el cacharro no. ¡Que la criatura se duerma!

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Me siento TOTALMENTE identificada con la pobre señora. Tulga me lo ha puesto más fácil, pero la Mayor…

En esto, como en todo lo demás, el qué comprar va a depender de infinidad de factores. Por ejemplo: el bebé ¿dormirá con vosotros o en su cuarto? Si duerme con vosotros, ¿lo hará en su cuna o colechando? ¿O no tenéis ni pajorera idea? Más aún: ¿de cuánto espacio libre disponéis en casa? Porque os puede apetecer una barbaridad comprar una cama XXXL, pero si vuestro dormitorio tiene 5 centímetros cuadrados, no va a ser factible. Lo siento.

Por si a alguien le sirve de ayuda (y para que os descojoneis un rato largo) mi experiencia es la siguiente: Cuando nació la Enana unos amigos nos dejaron un pequeño moisés toooodooo azul que pusimos en nuestra habitación al lado de la cama, mientras mis suegros nos donaban la enorme cuna de madera que había usado mi costillo en sus tiempos mozos. Como el artefacto no cabía en nuestro cuarto lo montamos directamente en el futuro dormitorio de la chiquilla, listo y pronto para recibir a su inquilina. Mi idea (fíjate lo inocente que era yo entonces) consistía en tener a la peque en nuestro cuarto metidita en su moisés hasta que ya no cupiera en él, o directamente se sentara y corriera riesgo de despeñarse, y luego pasarla a la cuna. Juas, juas, juas, que diría el Destino (joputa).

En total creo que la Mayor durmió 15 horas (no consecutivas, of course) en el moisés y la cuna ni la estrenó hasta pasado el año. Con su sueño infernal la única forma que encontré de descansar un poco por la noches fue colechando. La cosa iba así: se dormía a la teta o paseando en el carrito, a veces a las 11 de la noche. La dejaba en el carrito hasta que yo me iba a dormir (una hora o dos después, a todo tirar) y entonces la llevaba a su moisés como el que carga con una bomba de relojería. El 95% de las veces se despertaba y la metía con nosotros en la cama. El 5% restante dormía en su sitio una o dos horas y luego se despertaba y pasaba al catre comunal. Al rededor de los cinco meses dejó de entrar en el moisés (mi Enana es de tamaño King Sinze, qué se le va hacer!) y la pasamos a la cuna. El resultado fue el mismo, sólo que con más paseos entre habitaciones.

Mi vecina M. nos prestó su barrera desmontable para ponerla en nuestra cama y evitar accidentes (aún no se la he devuelto. Si es que no tengo vergüenza… ) y nada cambió hasta que desteté a la Mayor y (por fin!!!!) empezó a dormir (a ratos) en su cuna. Y es que el colecho con un bebé está bien, pero con una niña que se mueve cual anguila con sobredosis de café y puede romperte el labio de un cabezazo (me pasó tres veces. Sé de lo que hablo), pues como que no. Alguna dirá ¿y por qué no comprasteis una cuna de colecho resultona? Sería la solución perfecta: todos juntos pero cada uno en su rincón… La verdad es que entonces ni sabía que existían (yo soy mucho de hacer las cosas sin darme cuenta ni ponerles nombre) y de haberlo sabido la habría descartado por varias razones. La mamá de Patadita lo explica muy bien en su blog. Lo suscribo todo y añado que semejante trasto no hubiese entrado ni de canto en nuestro dormitorio.

Con Tulga la cosa ha sido un poco diferente. Al dormir mejor pasa la primera parte de la noche en su cuna y cuando se despierta para mamar (a las 3 ó 4 de la mañana) se viene conmigo a la cama… Por vagancia mía más que nada, porque, a diferencia de su hermana, rara vez se desvela y tras darle a la teta se vuelve a quedar roque otras tres o cuatro horas. Sin embargo, al meterla a mi lado, me puedo dormir casi en el acto, y ella también, con lo que las dos apuramos minutos y descansamos más. San Colecho Bendito.

¿Hasta cuándo seremos tres en la cama grande? Pues hasta que empiece a dormir del tirón. Con la Enana hasta los 20 meses más o menos. Tulga se las apañará para sorprenderme como ha hecho hasta ahora, así que ni me lo planteo.

Y hasta aquí lo que a mi juicio de verdad necesita un bebé. Por su puesto podemos comprar mil y un cachibaches más, dos millones de juguetes, hamaquitas, escucha bebés o lo que se nos antoje, pero en realidad nuestros hijos son felices con poca cosa: con nuestra presencia, nuestros besos, nuestros cuentos y nuestros juegos, con los mamitequieromucho y las tardes en el parque. Si el bocadillo es de mortadela en vez de jamón de jabugo les suele dar igual…

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6 responses to “Lo que (de verdad) necesita un bebé II”

  1. entremishoras says :

    Vaya, me siento totalmente identificada con lo del sueño!!! A mí con Niño me pasaba igual, se dormía tarde y con mucha dedicación, se despertaba a menudo para mamar, me costaba otra vez dormirle y si lo soltaba se despertaba! Total, que o me pasaba la noche dando vueltas o acababa dormida con él encima para poder descansar. En cambio con Niña nada que ver, ella se quedaba sopa en seguida y se despertaba sólo una vez durante la noche pero muchas noches dormía conmigo por pereza mía jajaja. Anda que no cambias con el segundo….
    Por cierto, cuando he visto lo de la desgravación de la guardería me he pegado un susto! Pero creo que va por comunidades autónomas, y aquí en Cataluña no se desgrava…

    • entremishoras says :

      Por cierto, te dejo un premio en el blog!

    • Norgwinid says :

      Yo tampoco sabía lo de la guarde. Me lo dijeron las propias chicas que trabajaban allí el primer año que llevé a la Mayor. Nada más empezar la campaña de la Renta me dieron un papelito en el constaba el total gastado en guardería el año anterior y con él me fui a Hacienda. No te devuelven todo-todo (más o menos un 60%, quizá un poco más), pero lo cierto es que se agradece. Es un fastidio que Cataluña no os desgrave porque a pesar del buen precio si lo sumas todo (y tienes dos en la guarde como yo este año) te dejas una pasta…

  2. Diario de una Mami says :

    ¡jajaja! Chica, lo cuentas con un salero que me parto. ¡Jajajaja! Lo de la cuna a nosotros nos pasó más o menos lo mismo. Creo que Pegotito durmió en el moisés que me dejó mi madre, donde durmió mi hermano, como mes y medio. A partir del siguiente día, a tomar por saco: a colechar para que descansemos todos, qué leches. ¿Esterilizador de biberones? ¿Seca-no-se-cuántos? Yo los hervía durante las primeras semanas y los ponía a secar en un paño limpio y menos artilugios. Y solo teníamos 2, de los cuales usábamos uno. Menos mal que en un mes llegó el monopolio de la teta. 😉

    • Norgwinid says :

      Sí, para mi también es infinitamente más cómoda la teta… Eso de andar calentando aguas, calculando medidas, limpiando cacharros… Con lo fácil que es sacarse un pecho y ya! Vaga que es una!!!

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