Yo viajo con niños ¿y qué?

Este verano mis dos Pichurrinas y yo nos hemos recorrido media geografía española en un tren para ir a ver a los abuelos. Cagadita que iba, oigan. Y no por lo largo del viaje, el madrugón inevitable o el tener que ir arrastrando una mochila llena a rebosar junto a dos niñas, de 3 y un año, a lo largo de tres estaciones y dos trenes. No. Eso estaba medido y chupado.

A lo que tenía pavor era a la reacción de los demás viajeros al verme aparecer sola, con ellas y un carrito desmontable ¡Olé!

Vamos, que me pongo en situación y me entran los siete males. Y es que por muy tranquilos que sean los niños, por muy entretenidos que estén y por muchas chucherías que traigas, tarde o temprano se van a aburrir y en un espacio cerrado y sin posibilidad de escape se puede liar la de San Quintín. Yo tengo asumido que los críos hacen ruido, que gritan y juegan y que es algo normal, pero sé que mucha gente no lo ve así y se lo toma como una vulneración de su espacio. Y eso sí que no. Que una va dispuesta a molestar lo menos posible, a pasar desapercibida y vender su alma Disney si hace falta, lo que no implica soportar comentarios, miraditas o cualquier otra tontuna, que bastante tengo ya con lo mío.

Pues en este estado de ánimo me planté en la estación, a las siete y media de la mañana, con la tarjeta del móvil petada de dibujos, juguetes varios, gusanitos, galletas de chocolate y una dosis extra de paciencia, dispuesta a comerme por una pata al primero que frunciera el ceño al oír llorar a mi bebé. Pero no. Ni una queja. Ni un mal gesto. Es verdad que mis dos terremotos se portaron divinamente, pero dimos mil paseos por los vagones, interceptamos el paso y todo ser viviente en 20 metros a la redonda conoció a conciencia a Elsa y Anna de Frozen (¡benditas sean!).

Cuando tras casi 10 horas de viaje llegamos por fin a destino me di cuenta de la cantidad de cumplidos y caras de embeleso que había despertado Tulga durante sus incansables caminatas por el tren, moviéndose con la misma gracia de un pato mareado y sin dejar de chuparse el dedo (que con el traqueteo que nos traíamos tiene su mérito).  La Mayor, por su parte, consiguió que le dieran un par de regalices y algunas gominolas sonriendo un poco y pidiéndolas por favor y hasta el revisor habló con ella de forma cortés y paciente, esperando sin meter prisa cuando se empeñó en sacar los billetes de mi bolso sin ayuda.

Un par de viajeros se ofrecieron a bajarme el carrito al andén mientras yo me ocupaba de que las niñas no se despeñaran por las escalaras de acceso y todo el mundo en general me trató con amabilidad y hasta con dulzura. Para fliparlo.

Llegamos agotadas (yo más que ellas), pero con un estupendo sabor de boca. Si tuviera que poner algún “pero” a mi aventura veraniega sería a las instalaciones, o mejor dicho, a la falta de ellas en los transportes y edificios públicos. No es que los baños de los trenes de largo recorrido no tengan cambiadores (los TRD de media distancia los tienen y bien hermosos) sino que no hay lugar alguno donde quitarle el pañal a un bebé, así que o dejas a tu churumbel con la caca pegada al culo cinco horas o te vas a las plataformas entre vagones y lo tumbas en el suelo. Más aún: una estación grande y concurrida como es la de Chamartín en Madrid tampoco dispone, no ya de una sala de lactancia, que tampoco pido virguerías, sino de un simple cambiador en ninguno de los baños. Ante mi estupor, le pregunté a una señora de la limpieza que pasaba por allí dónde podía cambiar a Tulga y me confesó que hacía años que habían arrancado los cambiadores de plástico y que nunca los habían repuesto, así que si tenía que mudar a la chiquilla lo mejor era buscar un lugar tranquilo y, sí, hacerlo otra vez en el suelo. Menos mal que la Peque es de buen conformar…

Con la experiencia previa, el viaje de vuelta fue mucho más relejado y lo disfrutamos más. Y además me quedaron claras algunas cosas para el futuro como:

  • Hay que llevar lo justo y necesario, sobre todo si vas a ver a la familia (que con seguridad te va a dejar hacer la colada!). Con cuatro vestidos y cinco bragas las niñas (y yo) nos apañamos perfectamente 15 días.
  • Es mejor racionar los gusanitos y las galletas que lleves a modo de soborno gastronómico. Si los sacas todos a las primeras de cambio, al final te quedas sin ellos cuando más los necesitas.
  • Planifica las siestas para cuando no vayas a tener que recorrerte la estación en busca de un andén o hacer un trasbordo. Si se te quedan fritas 10 minutos antes de que pongan el tren el las vías vas a tener que despertarlas y luego no hay quien las vuelva a dormir ni con cloroformo.
  • Dar el pecho facilita mucho las cosas si viajas con un bebé. No es ya que no tengas que ir por ahí buscando un lugar donde calentar un biberón, sino que el poder tranquilizante y soporífero de una buena teta es inigualable.
  • Prepara algunos juegos para los Mayores porque se acaban cansando de los dibujos. El veo-veo, contar cuentos, buscar vacas en los prados o un mazo de cartas de frutas pueden serte de gran ayuda.

Todo esto viene a ratificar lo que yo sabía de antemano: tener hijos no te impide seguir haciendo cosas (las que quieras: viajar, salir de tapas, visitar un museo, comprar ropa, ir de excursión, bañarte en la playa…). Basta con tener un poco de sentido común y una bolsa grande de chucherías… ¿o no?

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16 responses to “Yo viajo con niños ¿y qué?”

  1. dtradiciorece says :

    Pues claro mi hija va conmigo a todas partes, viajes, museos, conciertos, restaurantes y ella encantada. En mi caso el soborno es una libreta y lápices de colores 😉 Me parece increíble que en la estación no hayan cambiadores!! Un saludo.

    • Norgwinid says :

      Pues sí. Increíble del todo, pero es lo que hay… Si es que aunque parezca mentira el mundo no está pensado para los niños…

      • dtradiciorece says :

        Como si todos no lo hubiéramos sido…Y sabes una cosa que me saca de quicio? Los hoteles donde no permiten niños o los restaurantes.

      • Norgwinid says :

        Uffff, eso sí que no lo entiendo de verdad!!! Nosotros viajamos con niñas y perro y no sé cuantas vueltas tenemos que dar al cabo de las vacaciones para encontrar sitios donde podamos estar todos juntos. A veces ni en los campings!!! De verdad que no sé en qué mundo vivimos…

  2. senoritacolibri says :

    Es verdad que la logística se complica un poco, pero tienes razón: no hay dificultad que no se supere con gusanitos 😉

  3. almademami says :

    Hombre por supuesto q se pueden hacer todas esas cosas!! Y mas!! La mayoría de la gente tolera bien a los niños lo q pasa es q algún rancio siempre hay! Así q nada q se acostumbren q nuestros niños pagaran sus pensiones jeje muy positiva la aventura! A seguir viajando! Besotes.

  4. nosoyunadramamama says :

    jaja, qué te voy a contar yo!! 10.000 km de coche hicimos con Alfonso en su primer año de vida, y 4000 este mes con los tres!! Yo he cambiado hábitos con la maternidad pero no he sacrificado ciertas cosas, querer es poder! por cierto, tengo un post pendiente sobre caras y gestos de la gente cuando apareces con niños..telita a veces!

    • Norgwinid says :

      La verdad es que en coche no nos da pereza ninguna hacer kilómetros. En Navidad nos recorremos la Península de norte a sur y de este a oeste con el maletero hasta la bandera! Otra cosa es hacer el trayecto en un transporte público donde hay factores que escapan a tu control… Aún así, ya había viajado yo sola con la Mayor con año y medio y otra vez con ella con los dos recién cumplidos y una barriga respetable. Las experiencias fueron así así, especialmente por algunas caras y gestos, que como dices darían para un buen post!!! Anímate y cuéntanos pronto lo que has vivido en tus carnes!!!

  5. entremishoras says :

    Vaya! Pues qué valiente! Yo con ellos sola no me atrevo a hacer demasiadas cosas porque si se va cada uno para un lado ya me dirás qué hago…. Y es que son muy tremendos… Qué bien que hayas tenido tan buen viaje!

    • Norgwinid says :

      A mi también me daba miedo al principio no poder controlarlas a las dos, pero luego todo ha ido como la seda. Este verano en la piscina, por ejemplo, con la Mayor decidida a estrenar manguitos y la Pequeña lanzada a caminar pensé que me daría un pa’yá, pero no. Sobreviví y lo pasamos divinamente! La prueba es el pedazo de moreno que lucimos todas… Bueno, Tulga menos que es tirando a blancurría!

  6. mirari says :

    desde luego es màs fàcil en coche que en tren, tienes muchîsimo mérito!!!

    • Norgwinid says :

      Jajaja. Mérito el justo, pero gracias!!!! En coche no molestas a nadie, paras cuando lo necesitas y puedes llevar de todo… por eso es nuestro principal medio de desplazamiento, salvo cuando no queda otra!!! Aún tengo que probar a llevarlas en avión!

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