(Des)colechando

Tengo que decir que, como tantas otras cosas, el colecho llegó a mi vida por casualidad. Nunca leí sobre el tema, ni lo tomé por filosofía de vida y mucho menos lo consideré jamás la mejor manera de dormir con tus hijos, ¡voto a Bríos!

Pero, hete aquí, que la Mayor llegó a este mundo con insomnio y alergia a la cuna y tras semanas de vivir en estado zombi permanente, una noche me quedé dormida en la cama con la niña colgada del pecho. No fue premeditado. No lo hice a posta. Sencillamente me sobé ¡Y qué bien me vino! Esa fue la primera vez desde el parto que dormía más de dos horas seguidas y al amanecer casi no me lo podía creer. A la noche siguiente hice la prueba de tumbarla a mi lado y ¡de nuevo se obró el milagro! A ver: la jodía seguía despertándose cada dos o tres horas, pero yo no tenía que levantarme, ni encender la luz, ni pasar media hora en la mecedora intentando que se durmiera para que después volviera a abrir el ojo nada más posarla en la cuna… Me sacaba una teta (o le enchufaba un biberón) y a dormir tan ricamente las dos.

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Cambia sillón por cama, pero el caso es el mismo

Fijaros hasta qué punto no tenía ni idea de que era eso del colecho, que un par de meses después, la criatura me dio uno de los mayores sustos de mi vida: se cayó de la cama. Acababa de aprender a darse la vuelta y a girar sobre su barriga y se ve que decidió probarlo a las tres de la mañana. A mi ni se me había pasado por la cabeza que algo así pudiera ocurrir y no tenía instalada ni la más mínima medida de seguridad ¡Cataplof! Buaaaaaaaaaaaaa! La repasé de arriba abajo, tocándole los bracitos, las piernas, los hombros, examinando su cabeza… Parecía estar perfecta (de hecho creo que lloraba más por el susto que por el golpe), pero a mi estuvo a punto de darme una taquicardia. Me pasé el resto de noche despierta, vigilando sus movimientos y pensando si debía ir a urgencias.

“¡Ostras, Pedrín!” me dije para mis adentros “Esto no puede volver a pasar. Habrá que tomar cartas en el asunto…”  Y allí que fui yo a consultar a la que, por entonces, era mi oráculo personal en esto de criar pimpollos, mi amiga y vecina M. Cuando le comenté mi problema tardó exactamente 15 segundos en prestarme la barrera desmontable que había usado ella en su cama (y que a día de hoy, 4 años después, sigue puesta en la mía). De esa forma, me aseguraba dejar a la Enana entre la barrera y yo, o entre su padre y yo, y se acabaron los paseos nocturnos por el suelo.

La Mayor compartió nuestra cama mientras siguió con sus despertares nocturnos y, un poco antes de los dos años, casi por milagro divino, empezó a dormir del tirón. No la saqué de la cama comunal, ni la obligué a dormir en la suya. Sencillamente se acostaba en su cuarto por la noche y amanecía en él por la mañana. Por su puesto que lo primero que hacía al abrir el ojo era venir a verme, pero eso no me suponía ninguna molestia, más que madrugar los 365 días del año, incluyendo domingos y festivos (dolor amor de madre, que lo llaman).

INCISO: Tengo que aclarar, para todos aquellos que relacionan estrechamente el colecho, la lactancia materna y el mal dormir de los niños, que desteté a la Enana con 12 meses y aún así la criatura siguió dando por culo de forma intensiva hasta el año y medio, cuando los despertares empezaron a limitarse a uno o dos por noche hasta desaparecer poco antes de su segundo cumpleaños. De ello se deduce que el no dormir tiene tanto que ver con la teta como los cojones con comer trigo, cosa que pienso decirle a la cara al próximo opinólogo que me moleste con consejos no solicitados. FIN DEL INCISO.

Pasamos la barrera de la cama grande a la cama de la Enana (que hasta entonces se había apañado con una silla puesta al lado para evitar accidentes. Lo siento, hija. Tus padres son unos cutres) y allí siguió hasta que nació Tulga.

Yo tenía muy claro (cristalino, ¡fíjate!) que no iba a pasar por el mismo infierno que con la primera y desde el minuto uno la Pequeña durmió con nosotros. Por la noche la acostaba en la cunita que tenía en nuestro cuarto y en cuanto se despertaba la metía conmigo sin dramas ni historias. Resultado: tiempo de sueño de todo el mundo exponencialmente más largo que la vez anterior. Comodidad absoluta. Caídas al suelo: 0. El colecho (que a estas alturas es una institución en mi casa) nos ha permitido vivir felices a los cuatro… hasta ahora.

Y es que, amigas, todo lo bueno se acaba y el buen dormir no iba a ser la excepción. Mientras ha sido un bebé, he disfrutado mucho compartiendo almohada con Tulga, pero con 19 meses cumplidos es como tener al lado a una anguila eléctrica a la que alguien ha invitado a cien cafés. Se mueve, se retuerce, me da patadas y puñetazos, me tira del pelo, intenta saltar por encima de mi para llegar a donde duerme su padre, gatea por todos lados… Un show, vamos.

El colecho tenía una función: que todos pudiéramos descansar a pata suelta. Si no la cumple, habrá que replantearse el tema, porque todo eso de la crianza natural y con apego está muy bien, pero si para ponerla en práctica tengo que pasarme las noches en vela, va a ser que no.  No tengo espíritu de mártir, qué se le va hacer… Por eso ayer tomé una decisión importante: hay que ir descolechando

¡¡¡¡¡Cómo sea!!!!!

El problema es que es más fácil decirlo que llevarlo a la práctica y  no sólo por la Pequeña, OJOCUIDAO. Que servidora también está habituada a coger a su descendencia en mitad de la noche y echarle encima el edredón matrimonial sin miramientos, apurando minutos de sueño.

Tulga no se duerme con el biberón como hacía con el pecho. Se toma la leche con los ojos entornados y cuando termina, se mete el dedo en la boca y empieza su rutina de acunarse hasta caer en brazos de Morpheo (que no es el señor ese de Matrix. Aunque me molaría mucho!). El proceso puede durar entre 2 y 40 minutos y, claro, a las tres de la mañana una tiene las ganas justas de estar sentada en la mecedora, con una niña de 10 kilos en el regazo, esperando a que decida echar el cierre para volver a la cama… Creo que en la última semana he conseguido que duerma toda la noche en su cuna una sola vez. El resto de días he sucumbido y la he vuelto a meter conmigo en la cama, muy a mi pesar.

Estoy casi convencida de que hasta que no empiece a dormir del tirón (y hablo de forma habitual, no de higos a brevas, como hace en estos momentos), Tulga, el colecho y yo aún tenemos una larga historia por delante ¡Sólo espero que mi espalda (y el resto de mi organismo) la resista!

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13 responses to “(Des)colechando”

  1. BlogSerMadres says :

    Yo también lo descubrí por casualidad. Si la niña no dormía en su minicuna, la metíamos en la cama. A día de hoy se sigue durmiendo en la cuna pero termina la noche entre su padre y yo, regalándonos patadas y tirones de pelo. Me ha encantado tu inciso jajaja, coincido plenamente contigo. Hace 2 meses que no estamos con lactancia materna y las noches no han cambiado casi nada! Un abrazo.

    • Norgwinid says :

      A mi me lo han dicho cienes de veces: “En cuanto la destete dormirá del tirón” o “¿Por qué no le metes un buen bibe con cereales para que no se despierte?”. Juas juas juas, que me río yo de estos sistemas. En fin. Paciencia infinita es lo que hay que tener…

  2. una mami alternativa says :

    Gracias por desmitificar los mitos de que “si no duerme toda la noche es porque no está lleno/a”. Qué manía!!! ¿Acaso los mayores nos vamos a dormir ciegos de comer? Yo también hago colecho pero porque voy como tú, zombi perdida a medianoche y antes de caerme por el pasillo con el bebé, lo meto en la cama. El otro día una madre me tildó de mala madre por hacerlo. Eso es que no ha visto mis ojeras de verdad!!! Aix…. Que vaya bien el descolecho!!!

    • Norgwinid says :

      De malamadre un cuerno! Pura supervivencia! El no dormir es lo peor que hay y si la forma de que todo el mundo descanse un poco es colechando, tapándonos con un edredón mágico o haciendo el pinopuente con las orejas, allá que voy como una loca!!!

  3. nosoyunadramamama says :

    jajaja, a mí me hace gracia lo del colecho, porque es lo que dices tú, creo que todo el mundo lo ha hecho, más o menos, por comodidad y supervivencia, sin ponerle más nombre que “dormir con el crío” y de repente se ha instaurado como una corriente de forma de crianza llamada con apego (que tampoco tengo muy claro qué significa) que, a veces, convierte a alguna en mártires. Y que da igual lo mal que duermas tú, lo importante es que el crío comparta cama contigo no vaya a ser que de mayores tengan traumas por dormir solos… Pues mira, yo soy como tú, que el colecho viene bien para el descanso de todos? genial! que deja de ser cómodo para se una tortura china? pues no se colecha y listo, hay mil opciones que no pasan por dejar llorar al crío solo en una habitación!!! en fin, ánimo!!!

    • Norgwinid says :

      Pues sí a todo! Yo he leído y he oído verdaderas chorradas. Gente que se toma lo del colecho como una especie de cruzada personal (igual que la lactancia materna o el porteo), algo que hay que hacer sí o sí y defender a capa y espada aunque no nos convenza, no nos venga bien y no tenga el efecto esperado y que además requiera tal cantidad de esfuerzo, sudor y lágrimas que al final no disfrutas ni merece la pena. Yo tengo claro que duermo mejor sola que con la cama llena de niñas: no me despierto, no me duele la espalda, no recibo tortazos, codazos ni patadas (que me han partido el labio dos veces ya!!!! que no hablo que “toquecitos” sino de verdaderos mamporros), pero también es verdad que no tengo ánimo de aguantar una hora en vela a que la otra se quede frita. A ver si encuentro una fórmula mágica por ahí y la pongo en práctica. Pero ya!!!!

  4. almademami says :

    Ays, cuanta razón!! Yo he hablado con mamás que dan pecho y colechan y las pobres achacaban lo de dormir mal del niño a la LM y ahí llegaba yo y decía pues la mía duerme fenomenal (se despierta dos, una o ninguna vez desde super pequeñita) y seguimos con teta. Qué cacao tenemos con tanto opinólogo, madre mía. En cuanto al colecho, a mí compartir cama tooooda la noche me resulta muy incómodo porque yo me muevo mucho, así q la nena se duerme a la teta, la tiro en la cuna y si se despierta con la teta suele dormirse bien (entre 5 y 15 minutos). A partir de las 7 u 8 de la mañana (cuando se va el papi) la meto en la cama q tenemos mas espacio y algo más me puedo mover. Mira, a cada uno lo q le funcione y si a vosotros eso de compartir cama con Tulga ya no os funciona pues se intenta otra cosa!! Ánimoooo q los cambios cuestan pero poquito a poco todo se consigue!! Un besote!!

    • Norgwinid says :

      Si es que el pecho no tiene nada que ver. La Mayor fue un bebé de mal dormir, con muchos despertares y gran dificultad para conciliar el sueño. La Pequeña se saltó una toma casi desde el principio y en seguida cogió una rutina de sueño fenomenal, de irse a la cama a las 9 de la noche tooooodos los días. Ambas han tomado pecho, la Enana un año y Tulga casi 19 meses ¿Cómo lo explicas? En cuanto al fin del colecho… lo veo superdifícil. Me encartaría que fuera ya, pero me temo que hasta que duerma del tirón vamos a seguir compartiendo cama…

  5. mamacaotica says :

    Mira que me rio con tu forma de contar las cosas jajaja
    A Rubiales no le mola lo del colecho, mira que yo lo he intentado las veces que no se dormía ni a tiros, pero nada. Ella duerme en su cuna al lado nuestro; juntos pero no revueltos jajaja.
    Ánimo con ese nuevo cambio y poco a poco seguro que Tulga se hace a la nueva situación!

  6. papa bicho raro says :

    Me ha encantado el post pero sobre todo el “INCISO” :D. Nosotros también empezamos con el colecho por comodidad… Hasta que el Peque se ha emancipado y duerme ya en su habitación, pero todas las noches duerme o Mami o yo en la cama de al lado, se despierta como mínimo un par de veces y por evitar los paseos a su habitación… Cuando duerme Mami con el les hecho un montón de menos :(.

    • Norgwinid says :

      Sí, te entiendo. El costillo se ofreció a irse a otro cuarto para que Tulga y yo durmiéramos mejor en la cama grande, pero me negué. A penas nos vemos en todo el día y me gusta rozarme aunque sea un rato por la noche… así que todos seguimos en la cama familiar. Y la Mayor no lo hace porque directamente no cabe, que ganas no le faltan…

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