Peregrinar a Lourdes

Sólo me falta eso. Lo juro. Porque después de cinco días intentando marcar una cita con la pediatra de mis hijas aún no lo he conseguido. Os pongo en antecedentes:

Tulga lleva dos semanas con diarrea. Alaaaaa, diréis algunas. Pero, ¿por qué no la has llevado antes al médico? Pues porque si me atrevo a molestar al personal sanitario por una simple gastroenteritis, además de perder media mañana, sólo voy a conseguir una bronca del copón y la recomendación de hidratar bien a la niña, cosa que ya estoy haciendo. Así que, decidí esperar a que se le pasara “solo”. Siete días después, en vista del éxito, y de que aquello no tenía pinta de virus (la niña tiene apetito, está activa, no tiene fiebre, no vomita. Solo se me descaga viva) el viernes pedí cita por internet. Primer error. Tenía que haber llamado directamente por teléfono, pero claro, yo no sabía lo que se me venía en cima y una en su santa inocencia siguió el protocolo habitual. El sistema daba error todo el rato: metías los datos, elegías la fecha, elegías la hora, pero al darle al ok, salía un cartel diciendo sucintamente “servicio no disponible”. De nuevo, porque soy bien pensada y tiendo a considerar al mundo entero bueno por naturaleza, di por sentado que era un problema puntual y opté por esperar al día siguiente y probar de nuevo.
En el entreacto la Mayor tuvo a bien ponerse a tiritar el sábado por la noche y desarrollar una fiebre inexplicable, por eso de darle emoción al asunto. Vale. No pasa nada. Mato dos pájaro de un tiro. Me las llevo a las dos y que les den un repaso. Más intentos fallidos por internet. El fin de semana no atienden al teléfono, hay que esperar al lunes. Bueno, tampoco es para tanto.
Antes de seguir tengo que decir que el sistema de salud público del pueblo en el que vivo requiere realizar un máster de dos años con prácticas en el extranjero para pillarle el tranquillo. Os doy un curso acelerado. Digamos que vivo en Colmenarejo el Pobre,  justo al lado del Colmenarejo el Rico. Mi médico de cabecera está allí, pero la pediatra de las niñas está en el otro pueblo. Ambos ambulatorios, a su vez, dependen del centro de salud de Villapepino, ciudad sita a unos 15 kilómetros de Villapomelo, y es a ese centro al que tenemos que acudir para realizar las analíticas y cualquier consulta de urgencias, así como las visitas a la matrona. Eso sí: las urgencias pediátricas o de lactantes menores de 6 meses, directamente a pediatría del hospital comarcal, para ponértelo fácil ¿Os ha quedado claro? Ya. A mi tampoco. El caso es que el lunes a primera hora volví a llamar al ambulatorio de Colmenajero el Rico sin conseguir nada. El teléfono sonaba y sonaba sin que nadie lo atendiera y la web continuaba sin permitirme operar. Como soy una mujer de recursos, busqué el número del centro”madre” de Villapepino y allí sí, a la tercera, conseguí hablar con una dulce señorita que me informó que mi pediatra estaba de vacaciones hasta septiembre y , como no había recursos para enviar un sustituto, el ambulatorio permanecería cerrado hasta su vuelta. Con un par. “Pero yo tengo a las niñas malas, ¿dónde las llevo?”, pregunté con hilillo de voz. “Ah, no se preocupe dígame los nombres que le doy cita para pediatría en Villapomelo”. Anoté la hora, las 9:20 del día siguiente y lo di por hecho. Segundo error.

El martes, a las nueve menos cinco, las niñas y yo entrábamos en el centro de salud de Villapepino. Suelo llegar antes de la hora, porque si alguien falla, llaman al siguiente y tenía la loca esperanza de poder colarme y no aterrizar demasiado tarde en el trabajo. Esperamos un buen rato,  con mis gremlis corriendo por todos lados y cagándose (literalmente) a pares. La verdad es que no lo estaba llevando mal del todo hasta la pediatra llegó por fin a su consulta y empezó a llamar a la peña. Pasaron por delante cuatro niños y a las 9:45 nos quedamos las tres solas en la sala de espera. “Bah, ahora sí. Ahora ya nos llaman”, pensé yo. Pero no. Salió la enfermera y preguntó por un tal José Carlos, que evidentemente no estaba y luego volvió a meterse en su garita sin más. Esperé otros cinco minutos y al final, ya con la mosca detrás de la oreja, decidí llamar y entrar en el despacho. “Oiga teníamos cita a las 9:20”. Resoplido. “A ver cómo se llaman”. Se lo digo. “No están en la lista” “¿Cómo que no? Pero si llamé ayer por teléfono y me dieron cita para ambas” “Pues no están, mira” y me enseña la pantalla del ordenador. En ese momento, a la pediatra se le encendió la bombilla y me preguntó “Pero tú, ¿vienes a consulta o a revisión?” “A consulta” “Ah, pues entonces no. Ahora solo hay revisiones, las consultas son en Villapomelo”. A mi se me quedó cara de Chiquito de la Calzada “¿¿¿¿¿Comoooooooor??????” “Sí, mira esto es Villapepino (por si no te has dado cuenta), como está cerrado el chiringo de Colmenarejo el Rico, han concentrado las consultas una semana allí y otra aquí y esta semana toca allí” “Pero, pero…” “Nada, vete a Villapomelo y, si no tienen mucha gente, a lo mejor te atienden aunque se te haya pasado la cita”.

Justo en ese segundo, a las 10:04 de la mañana del martes, se me pasó el pasmo y me entró el cabreo.

“Vamos a ver, ¿me está diciendo que tengo que ir de peregrinaje con estas dos al quinto pino a ver si, por casualidad, dentro de un par de horas nos atienden? Pero si aquí no hay nadie …” “Ya, lo que pasa es que ahora solo hay revisiones. Ve a Villapomelo” “Pues va a ser que no, hermosa, porque hace una hora que tendría que estar en el trabajo y no voy a seguir paseándome por toda la provincia a ver si suena la flauta” y con un “Me cago en la Puta de Bastos”, dicho por lo bajini, cogí a mis hijas, las metí en el coche y nos largamos cagando virutas.

Que sí. Que la culpa es mía, por haber oído “Villa…” y no fijarme si era “pepino” o “pomelo”, pero todo el proceso resulta tan kafkiano que mientras conducía de vuelta me dio la llorera de pura impotencia. Sé que el sistema de salud está saturado, que ha sufrido recortes, que no se cubren las bajas y que falta material y mano de obra, pero si al final tengo que ir a urgencias del hospital con algunas de mis hijas el coste será todavía mayor para la seguridad social. Y todo, absolutamente todo, se podría haber arreglado con un poco de buena voluntad por parte de alguien: del político que decide no dejar sin atención primaria a un montón de niños durante mes y medio cubriendo las vacaciones de mi pediatra, la dirección del centro de salud advirtiendo a los usuarios con un poco de antelación de la situación (En serio. Me hubiese bastado con un simple cartel pegado en la puerta), la pediatra de Villapepino atendiendo a mis hijas en su consulta vacía o, por lo menos, llamando al ambulatorio de Villapomelo para asegurarse de que nos reciberan…. Algo. Lo que fuese. Pero no.

Y repito que la culpa es mía por no anotar bien el nombre. Por ni si quiera imaginarme que podría haber una cuarta ciudad implicada en la ecuación de nuestra rutina de salud. Que parece mentira.

Así que al final he vuelto a llamar y tengo cita para mañana a las 9:50. La Mayor ya no tiene fiebre, pero Tulga aún se va de bareta, así que la llevaré a ella.

Y luego, me iré a Lourdes.

 

 

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7 responses to “Peregrinar a Lourdes”

  1. Diario de una mami says :

    Madre mía, menudo caos… De locos, de locos! Seguro que las peques están muy bien. Mucho ánimo! Muaks!

  2. almademami says :

    Madre mía, la q te han preparado en un momento. Q yo creo q toda la culpa no la tienes tú, como bien dices, un poquito de empatía por parte de alguno con el q te cruzaste pore l camino no estaría de más y más con dos niñas malas. Ánimo y sobre todo q se mejoren tus niñas!! Un besote!

    • Norgwinid says :

      Gracias! Al final conseguí que vieran a la Pequeña aunque me toca dar otro paseo a mediados de agosto, porque como bien me dijo el pediatra que me atendió en Villapomelo: “el volante y las recetas te las tiene que dar la titular, yo no puedo nada más que hacer el informe”. Olé. Por lo menos ya sabemos qué le pasa y cómo ponerle remedio: intolerancia secundaria a la lactosa. Di que sí. Ya sabía yo que no era un virus.

  3. mama y la tribu says :

    Es vergonzoso!! Pon una queja en el centro de salud. No podemos permitir que jueguen con la salud de nuestros hijos. Lo que más me indigna es la actitud del pediatra que con la consulta vacía se niega a atenderte. Espero que las peques estén mejor. Un beso enorme

    • Norgwinid says :

      Yo también lo flipaba a colorines. Estábamos solas. De hecho llevábamos solas como 10 minutos, pero ¡solo había revisiones de niño sano! Nada de consultas… En fin. Las niñas están mejor. La Mayor se curó sola y la Pequeña, desde que empezamos la dieta sin lactosa está como nueva. Besos y feliz verano!

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